Los peligros silenciosos del Covid 19: el sedentarismo y el aislamiento

Javier Collado

Supermercados Piedra

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Desde pocos años hacia atrás, los seres humanos estamos cambiando radicalmente nuestro estilo de vida gracias a los avances de la tecnología y, especialmente, es en el ámbito de la comunicación donde se están produciendo los más recientes y predominantes. En la actualidad, debido a las medidas de distanciamiento social y de confinamiento adoptadas durante la pandemia del Covid 19, han cobrado una importancia muy relevante en nuestras vidas, permitiéndonos teletrabajar y comunicarnos con los demás sin salir de nuestras casas.

Sin embargo, hay varios aspectos de esta situación que debemos considerar para proteger nuestra salud, que se corresponden con los peligros “silenciosos” del virus, ya que, por un lado, las personas que teletrabajan y son capaces de mantenerse conectados a los demás cuentan con el riesgo de desarrollar un estilo de vida sedentario, con importantes problemas para la salud y, por otro lado, las personas que tienen dificultades para utilizar las tecnologías de comunicación, como es el caso de las personas mayores, siendo especialmente llamativa la situación que atraviesan las personas con demencias (enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer, Parkinson, Demencia frontotemporal…) y sus familiares, añaden a los peligros del sedentarismo, el desesperante fenómeno del aislamiento social.

Como vamos diciendo, el aumento del sedentarismo es la tendencia a la que vamos los seres humanos en los últimos años en los países desarrollados y se ha aumentado de manera drástica a raíz de las medidas adoptadas durante la pandemia. El sedentarismo se define como el estilo de vida caracterizado por una baja actividad y poco gasto energético a lo largo del día, que acarrea importantes efectos negativos sobre la salud, ya que implica un riesgo muy importante de padecer diversas enfermedades (Enfermedades metabólicas, cardiovasculares, neurodegenerativas…) y, además, se asocia con todas las causas de mortalidad.

Concretamente, el tipo de estilo de vida sedentario que se viene desarrollando se caracteriza por un elevado ejercicio mental y una baja actividad física, lo que arroja una situación peculiar. Este tipo de actividad nos genera estrés y nos provoca un incremento del apetito, lo que nos lleva a comer con la consiguiente sobreingesta energética, que desregula nuestro metabolismo al no gastar esa energía físicamente. Además, un estilo de vida sedentario se relaciona con problemas para dormir que, a su vez, provocan un aumento del apetito y se sigue con la dinámica de sobreingesta energética.

Aparte de producir problemas metabólicos y cardiovasculares, el sedentarismo prolongado de cualquier tipo provoca el deterioro de las capacidades mentales, por lo que representa un importante factor de riesgo para desarrollar enfermedades neurodegenerativas o demencias como el Alzheimer. Las personas afectadas de estos tipos de enfermedad van perdiendo capacidades e iniciativa, participando cada vez menos en las actividades de la vida diaria e incrementando su nivel de sedentarismo, lo que produce el mayor aceleramiento de la pérdida de capacidades. Las medidas de control del Covid 19 están aumentando este efecto en todas las personas afectadas de demencia, ya que, también, muchas de ellas han detenido sus tratamientos y, lo que es más preocupante, está incrementando enormemente el riesgo de inicio de demencia en personas mayores que no la tenían, especialmente para las que viven solas.

Tampoco debemos olvidar que la pandemia y todo lo que la rodea ha incrementado los síntomas de depresión y de ansiedad en la población en general, y la enorme incertidumbre con la que se ha vivido ha producido mucho miedo incrementando los niveles de estrés. Las personas mayores, y más las personas afectadas de demencias, son un el grupo de vulnerabilidad más importante a los efectos del virus, y todos los aspectos mencionados anteriormente les están haciendo aún más vulnerables hacia otros tipos de enfermedades.

Como ya hemos adelantado al comienzo del artículo, el fenómeno del aislamiento social también es un importante aspecto a considerar que debemos añadir a la lista de efectos colaterales de la pandemia, ya que afecta enormemente a las personas que no pueden hacer uso de las nuevas tecnologías o tienen dificultades para acceder a ellas.

Especialmente, existe un colectivo de personas que suelen ser olvidadas en el ámbito-sanitario y que, sobre todo tuvieron una situación extremadamente dura al inicio de la pandemia, estos son los cuidadores principales de las personas con demencia, que suelen ser los cónyuges o los hijos de las personas afectadas. Estas personas se quedaron prácticamente solas con el cuidado de sus familiares viviendo una situación muy estresante, en las que las dificultades por acceder a los seguimientos médicos y a consultas médicas, que quedaron suspendidas por la emergencia sanitaria al igual que sus tratamientos, agravaron la evolución de la enfermedad y, por lo tanto, las exigencias de los cuidados.

En conclusión, además de combatir los contagios del coronavirus, debemos prestar atención a otros numerosos efectos relacionados con sus métodos de contención, de los que hemos mencionado algunos ejemplos en el presente artículo. Para combatir los efectos del sedentarismo podemos seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y realizar, como mínimo 150 minutos a la semana de ejercicio moderado o 75 minutos de ejercicio vigoroso, y así regular nuestro gasto energético. En el caso de las personas con demencia, debemos tratar de hacer todo lo posible para adaptarnos a la situación y que vuelvan a realizar sus tratamientos, ya que, tal y como se ha demostrado, el tratamiento basado en la estimulación cognitiva y el fomento de la actividad física es el más efectivo para detener o ralentizar el avance de la enfermedad, y representa un beneficio crucial para los cuidadores principales, al reducir su aislamiento social, decelerar el deterioro de su familiar y proporcionar el espacio de respiro necesario para que también puedan cuidarse a sí mismos.

Guillermo Garzo
(Psicólogo General Sanitario y Neuropsicólogo de Atencis)