Bar Recreo: «Parece que los clientes tienen miedo a meterse dentro de los locales»

Javier Collado

Dobuss

Desde el pasado 11 de mayo los bares pudieron comenzar con su actividad tras un parón de dos meses por el confinamiento y el estado de alarma provocado por el coronavirus. Un comienzo que no supuso un «alivio» para muchos hosteleros ya que este permiso solo era para locales que contaran con terraza, el único lugar donde estaba permitido servir y sentarse. Esta actividad se fue incrementando poco a poco a medida que se iban relajando las medidas del Gobierno y se entraba en lo que conocemos como la «nueva normalidad». Aunque, seamos claros, todo tiene consecuencias. Y, ahora, «parece que los clientes tienen miedo a meterse dentro de los locales», nos cuenta Manuel García, propietario del Bar Recreo, junto al colegio Salesianos de Córdoba.

Aunque pueda resultar anecdótico, esta sensación está más extendida de lo que parece y,

Terraza del Bar Recreo con clientes.- Archivo

entrados ya en el otoño, puede resultar un problema para el sector de la hostelería ya que con mal tiempo y lluvias, ¿dónde se sentarán los clientes si no hay terraza?

Desde su apertura el 15 de mayo, Manuel nos cuenta que vivieron «con mucha tensión». «No sabíamos cómo iba a reaccionar la gente». Aunque afirma que, finalmente «han respondido muy bien, se han volcado desde primera hora», lo que ha hecho que en el Bar Recreo el verano «haya ido bien». Pero ahora este hostelero se plantea la problemática del mal tiempo y las terrazas. «Los clientes tienen cierto recelo a meterse en el interior del bar», por lo que augura que «se espera un invierno un poco duro».

Carta QR en el Bar Recreo, como medida de seguridad.

Como Manuel, numerosos locales de hostelería adoptaron las medidas de seguridad e higiene recomendadas desde su reapertura: distancia entre mesas, limpiezas y desinfección exhaustiva, control de aforos, eliminación de cartas físicas. Pero otros muchos no llegaron a levantar sus persianas, colgando incluso el cartel de «se vende» o «se traspasa».

«Es un panorama muy complicado el que nos espera. No podemos hacer planes más allá de dos o tres días, porque no sabemos ni lo que pasará la semana que viene», apunta el propietario del bar. «Hay muchos compañeros que están cayendo, porque se habían prometido ayudas y estas no han llegado». Al mismo tiempo, «las licencias de ampliación de espacios y veladores tardaron mucho», lo que provocó el cierre o cese de actividad de otros tantos.

Pero no toda «ayuda» llegó tarde. La situación de muchos locales se vio agravada por la imposibilidad de pagar los alquileres, aunque muchos recibieron estos apoyos por parte de sus arrendadores, con la condonación de los alquileres. Como el Bar Recreo, que gracias a esta decisión del colegio Salesianos «nos fue complicado, pero menos, el empezar de nuevo».

Esta es la situación real de muchos más hosteleros de Córdoba, que ven cómo la incertidumbre y las previsiones de un otoño e invierno complicados les presenta un panorama que es de todo menos positivo para el sector. A esto se une la situación del ocio nocturno, también parte de la hostelería cordobesa, que se encuentra en la lucha actual de obtener licencias de cafetería para, al menos, poder tener algo de actividad en estos duros meses.

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