Javier Collado

Dobuss

«La alteración tanto de la calidad como de la cantidad del sueño nocturno es un factor asociado a la obesidad y a otras patologías», según ha indicado Lourdes de la Bastida, nutricionista del Hospital Quirónsalud Córdoba, que ha señalado que la restricción de las horas de sueño se asocia a peores hábitos alimentarios, cambios endocrinos, modificación de la regulación de la ingesta alimentaria y peor funcionamiento del metabolismo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad se define como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. En España se estima que en el año 2019, uno de cada cuatro hombres y una de cada cinco mujeres padecía obesidad, definida como un índice de masa corporal (IMC) mayor o igual a 30.

«El sueño es una necesidad biológica y durante la noche es recomendable dormir entre 7 y 8 horas para mantener un buen rendimiento físico e intelectual», afirma la especialista. «En los últimos años los problemas de sueño han aumentado coincidiendo con el incremento de los índices de obesidad».

La nutricionista ha recordado que la reducción de tiempo de descanso nocturno puede provocar mayor apetencia por alimentos ricos en energía y afecta negativamente el metabolismo de la glucosa y lípidos.

En este sentido ha destacado que durante los meses de verano hay mayor desorganización de horarios de comidas “pero no debe olvidarse que en el control de peso no sólo influye lo que comemos sino también el momento del día que lo hacemos”. Existen estudios que demuestran que comiendo antes de las 15.00 horas se consigue mayor pérdida de peso que si se come después de esta hora y también se ha observado que consumir carbohidratos en el desayuno y en el almuerzo es más conveniente que tomarlos en la cena. Además, se relaciona el consumo de carbohidratos después de las 20.00 horas con un mayor índice de masa corporal, por lo que “lo ideal sería establecer un horario regular de alimentación”.

Los alimentos que presentan un mayor contenido de carbohidratos son zumos, bebidas azucaradas, helados, golosinas, cereales, bollería, galletas y productos ultraprocesados.

Lourdes de la Bastida ha insistido en que el verano puede ser un buen momento para adquirir unos hábitos de vida más saludables, realizando más ejercicio físico, con una alimentación más saludable y durmiendo las horas necesarias para que las vacaciones supongan un verdadero descanso para nuestro organismo y una mejora de la salud.

«Realizando una alimentación saludable y actividad física adaptadas a las necesidades de cada persona, se puede conseguir una pérdida de peso y de grasa corporal. De esta manera, se pueden reducir las cifras de obesidad y las complicaciones asociadas como la diabetes y enfermedades cardiovasculares, entre otras», concluye la nutricionista.