La deshidratación en personas mayores - Atencis

Javier Collado

Dobuss

La tercera edad es una etapa de la vida en la que se deben extremar los cuidados preventivos para que nuestros mayores disfruten de una buena calidad de vida. La deshidratación en ancianos, sobre todo en verano, es uno de los principales problemas de salud que nos podemos encontrar.

Cuando se envejece, el contenido de agua en el cuerpo disminuye y el riesgo de deshidratación aumenta, por lo que las consecuencias pueden ser graves. La prevención es fundamental y es algo que no podemos dejar de lado.

Para detectar que una persona mayor tiene deshidratación Lo primero y más importante es conocer cuáles son los síntomas de la deshidratación en adultos mayores. Así sabremos cómo actuar en consecuencia y determinar cuál es el tratamiento adecuado.

Consecuencias de la deshidratación en personas mayores

El primer síntoma con el que nos encontramos, es sequedad en las mucosas y en la piel, seguido de estreñimiento y disminución de la orina. Si la deshidratación es grave se puede llegar a perder peso bruscamente, sentir fatiga y somnolencia. Una fatiga generalizada.

Las  personas mayores son propensas a sufrir un descenso de la tensión arterial cuando se deshidratan. Su corazón debe latir más rápido para equilibrar su estado. Tampoco debemos obviar otros problemas que pueden surgir. Es el caso de padecer confusión o mareos, pudiendo llegar a situaciones más extremas como síncopes.

Consejos para evitar la deshidratación:

    1. Tomar alimentos ricos en agua. Además de ingerir líquidos, los alimentos ricos en agua ayudan a mantener un buen nivel de hidratación en ancianos. Las frutas y verduras ayudan a prevenir la deshidratación. En concreto, se les deben ofrecer aquellos alimentos con alto contenido en agua, como melón, sandía, fresas, uva, naranja, zanahoria o pepino, entre otros.
    2. Ingerir de 6 a 8 vasos de líquidos al día. El agua es el líquido por excelencia para mantener una buena hidratación y debería representar la mayor parte de la ingesta. Sin embargo, cuando las personas mayores son reacias a tomar agua se les pueden ofrecer otras bebidas como zumos, lácteos, infusiones, refrescos y sopas no saladas.
    3. Evitar bebidas azucaradas y con gas. No todos los líquidos son igualmente eficaces para mantener un buen equilibrio hídrico. Algunos, como el café o el té, pueden tener efecto diurético, por lo que se deben consumir con moderación. De lo contrario, podríamos conseguir el efecto opuesto al que buscamos. Las bebidas alcohólicas y con gas no son recomendables, puesto que pueden aumentar el riesgo de deshidratación en personas mayores.
    4. Fomentar a los ancianos la costumbre a beber agua. En las personas mayores disminuye la sensación de sed y, cuando esta aparece, ya ha comenzado la deshidratación. Por tanto, hay que animarles a beber sin esperar a tener sed. Una buena estrategia es colocar su bebida preferida a su disposición a lo largo de todo el día. Las horas de la medicación son un buen momento para animarles a beber una mayor cantidad de líquido.
    5. Introducir los líquidos de forma gradual. Si la persona es reacia a ingerir líquidos, no se la debe presionar en exceso. La mejor estrategia es comenzar poco a poco, ofreciéndole la bebida que prefiera para, posteriormente, ir introduciendo el agua, que es la más aconsejable para prevenir la deshidratación. Ofrecer líquidos en las horas de más calor.
    6. Tener en cuenta los efectos secundarios de la medicación.

Algunos medicamentos, como diuréticos o laxantes, pueden provocar una mayor pérdida de líquido en los ancianos en las personas mayores. Es importante consultar con el médico.