Mindfulness y tener una dirección con sentido vital

Javier Collado

Dobuss

La pandemia del Coronavirus ha traído una situación de crisis económica con repercusiones nefastas en muchos hogares-falta de trabajo, de recursos, etc.- Además, durante la Cuarentena han aflorado emociones como la incertidumbre de no saber qué va a pasar, el miedo a un posible contagio, la angustia que nos genera el no poder controlar, de que todo cambia en un instante, ansiedad… y es que las emociones van de la mano de los pensamientos del tipo: ¿qué nos ocurrirá ahora?, ¿me contagiaré?, ¿qué va a pasar?, ¿qué puedo hacer?, ¿y si contagio a alguien?, etc.

Hablamos de un fenómeno externo a nosotros, sin precedentes, que no es controlable y cambia todo lo que estaba establecido socialmente-saludos, distancia, indumentaria laboral, etc. Todo ello de una forma brusca e impredecible, por ello, una buena herramienta es tener una buena capacidad para adaptarse a ese medio cambiante.

¿Cómo podemos hacerlo?

Dos aspectos fundamentales, claves para superar cualquier adversidad son dos: Por un lado tener claro nuestros valores, nuestro mapa de ruta. Tener una dirección hacia donde poder dirigir nuestros pasos se considera actualmente clave para el bienestar psicológico de las personas: es darle un sentido a nuestra vida, un “para qué estoy yo aquí, qué puedo hacer/ofrecer”.

El segundo aspecto trata de la habilidad de redireccionar nuestra atención de esos pensamientos disfuncionales-los cuales generan emociones negativas también-, y esto se consigue a través del Mindfulness.

Mindfulness significa prestar atención de forma consciente a nuestras experiencias en el momento presente, sin juzgar, sin anticipar, sin crear expectativas. Muchos estudios de neurociencia han demostrado que la meditación, y en concreto mindfulness, puede ayudarnos a regular nuestras propias emociones, permitiendo prestar mejor atención a otras personas y actuar de manera más altruista en situaciones complicadas que nos ponen al límite de nuestras capacidades de autocontrol.

Si no podemos modificar algo, preocuparse no tiene sentido, produce más sufrimiento. Pero no nos confundamos: mindfulness no es relajación. La relajación solo tiene efecto sobre la tensión corporal y a corto plazo. Mindfulness modifica el funcionamiento de la mente, disminuyendo el diálogo interno en general y las rumiaciones en particular, y es muy eficaz en depresión, ansiedad y estrés a corto y largo plazo.

Entre otros beneficios se encuentran el aumento de la aceptación, una emoción muy útil cuando no se puede modificar el entorno, que te permite aprender a vivir con los cambios que se producen con el mínimo malestar.

Para las personas que no tienen experiencia meditando pero que están buscando la manera de mejorar su bienestar y reencauzar un poco su vida tras esta situación, aconsejamos una práctica simple y útil: Enfocar nuestra atención a la respiración. Permitirá relajarnos y calmará nuestro sistema de ansiedad, siendo más fácil centrarnos en aquellas acciones que están relacionadas con nuestros propósitos vitales.