Veladores en la Plaza de La Corredera. - Archivo

Javier Collado

Dobuss

¿Por qué parece que olvidamos tan pronto?

Hay personas que no han entendido el carácter paulatino de la desescalada y, ansiosas por avanzar y seguir adelante, actúan como si todo hubiese terminado ya.¿Qué les ocurre?

Hay algo que los expertos llaman ‘desviación psicopática’. Algunos individuos presentan altas puntuaciones en este baremo y otros, bajo, aunque la mayoría estamos a medio camino. Según el psicólogo Enrique García Huete, «Quienes puntúan alto experimentan menos sensación de dolor físico, no anticipan el castigo ni el riesgo… La amenaza les ‘pone’».

Hace miles de años, la impulsividad valía la pena en algunas situaciones y, quizás, tenía beneficios evolutivos: Cuando la vida era corta y peligrosa y los recursos eran escasos, había una ventaja en las reacciones rápidas.

Sin embargo, hoy día, más que ayudarnos a sobrevivir, puede volverse en nuestra contra. Lo estamos viendo: Durante la desescalada nos piden prudencia, distancia y medidas de seguridad. Sin embargo, no todos-as lo llevan a cabo y parece como si estos dos meses de atrás no hubiesen existido… ¿Cómo es posible? ¿Qué mecanismos están detrás de todo esto?

En primer lugar decir que todos-as hemos sido imprudentes e impulsivos en algún momento de nuestra vida. Sin embargo existen diferencias basadas en la capacidad que poseemos para ante qué situaciones, parar, y observar las posibles consecuencias y actuar de la forma más adecuada posible.

Por ejemplo, ante la situación “adquirir un décimo de lotería”, no son las mismas pérdidas si me juego lo que ha costado- 6 euros-, que si me juego mi casa: La apuesta en la segunda opción tiene muchas más pérdidas.

Pues bien, antes de que el coronavirus llegara a nuestras vidas, tomarse una cerveza valía 1.50 en un bar, ahora puede costar vidas humanas si no se llevan a cabo las medidas oportunas…

Existen ciertas estructuras cerebrales vinculadas al funcionamiento de la toma de decisiones, emociones, los recuerdos y a la capacidad para hacer planes que pueden presentar alteraciones-sobre todo las regiones del lóbulo frontal, concretamente la corteza prefrontal, y otras como la amígdala o el hipocampo – y es entonces cuando se dan ciertos comportamientos impulsivos o imprudentes.

Además, es mucho más probable este tipo de conductas cuando la persona ha crecido en hogares donde los comportamientos explosivos, la violencia verbal y física, el abuso de sustancias psicoactivas y el trastorno depresivo han estado presentes de forma más o menos estable en su entorno. También puede ocurrir que durante su infancia haya sido premiado y alabado por “ser valiente”, y por tanto sea reforzante verse como alguien desafiante, que no tiene miedo a nada ni a nadie…

Como conclusión… ¿La crisis de la COVID-19 ha causado mutaciones de personalidad? No. Esos rasgos ya estaban ahí, aunque no se manifestaban, o al menos, no tanto. Lo que ocurre es que, sometidos a la presión de la pandemia, estos rasgos se han acentuado. Estas personas suelen responder bien a las recompensas, pero son generalmente insensibles al castigo, es decir: presentan baja percepción de riesgo. Funcionan mejor por promesas de recompensas rápidas, atractivas y emocionantes que por la amenaza de un castigo severo.

La otra cara de la moneda…

Al igual ocurre en la otra dirección: estamos viendo a personas que, viendo la situación actual, están desarrollando un miedo terrible a salir a la calle que, mantenido durante mucho tiempo, puede desembocar en algo más acentuado, como por ejemplo algún tipo de fobia. Y claro, esa incertidumbre ante la pregunta “¿contraeré la enfermedad o contagiaré a alguien si salgo?” unido a ver en diferentes medios de comunicación que existen personas “temerarias” agudiza más su malestar…

Me gustaría que entendiéramos que cada uno está poniendo sobre la mesa las cartas que tiene y realizando las jugadas que le han funcionado a lo largo del juego….Claro está que a veces ocurre que esas estrategias dejan de funcionar o no te entran las cartas más acertadas. A veces hay que soltar y aprender nuevos modos de “jugar a la vida” para que ese juego sea emocionante, divertido y no perjudique a los demás jugadores o a ti mismo-a. Saber cuándo sí hacer X y cuándo no hacer X. Ser consecuente.

Fdo: Rocio LH, jugadora: a veces ganadora y a veces perdedora. (Pero sigue jugando al fin y al cabo).