Javier Collado

Dobuss

Los problemas de ansiedad y estrés representan un gran problema sanitario en nuestra sociedad actual. Existen muchas personas en nuestro país que están o han estado en tratamiento por problemas derivados de la ansiedad y, además, la mayor parte de las personas que no ha estado en esta situación conocen el estrés y han tenido experiencias relacionadas con él. La mayoría de nosotros hemos pasado, con o sin diagnóstico, por épocas difíciles en las que situaciones que normalmente llevábamos bien nos han sobrepasado, es decir, la mayoría de nosotros hemos sufrido estrés en algún momento de nuestra vida.

Tampoco debemos olvidar que el estrés puede provocar enfermedades en varios sistemas del cuerpo, como el gastrointestinal o el cardiovascular, pudiendo llegar a comprometer igualmente nuestra salud mental con la aparición de enfermedades como la depresión. Por ello, es de vital importancia que todos sepamos cómo es el estrés y qué podemos hacer para prevenirlo, no sólo en nosotros mismos, si no también en las personas que nos acompañan en todas nuestras esferas de la vida. Con este artículo pretendemos dar unos consejos útiles para mejorar en el manejo del estrés.

Pero, antes de poder hablar sobre maneras de afrontar la cuestión, debemos hacernos las siguientes preguntas: ¿Qué es la ansiedad?, ¿Qué es el estrés?, Y, la más importante de todas ¿en qué se diferencian la ansiedad y el estrés?

¿Qué es la ansiedad?

El concepto de ansiedad siempre se suele entender como algo negativo relacionado con la angustia o el miedo, aspecto nada equivocado ya que estos sentimientos se suelen vivir con una elevada ansiedad, y unos niveles altos de ansiedad provocan grandes sensaciones de angustia y miedo, pero la ansiedad no se limita únicamente a estos sentimientos negativos.

Realmente, la ansiedad es la activación de nuestro organismo, es decir, es el incremento de la energía de nuestro cuerpo para hacer frente a la situación que estamos viviendo. Cuando estamos haciendo deporte, si nuestra activación no sube al nivel adecuado podemos correr somnolientos, tropezarnos o fallar todos los golpes y, si nuestra activación sube demasiado, podemos hiperventilarnos o marearnos, por lo que para hacer deporte necesitamos un nivel de activación adecuado. De igual manera sucede, por ejemplo, en una reunión de amigos alrededor de una mesa, ya que el que se encuentre con una baja activación estará aburrido, el que tenga una activación demasiado alta se verá eufórico y volcando la mesa, y el que disponga de una activación adecuada estará charlando, riendo y disfrutando, es decir, incluso para una actividad alegre es necesario tener un nivel de ansiedad adecuado.

Las situaciones a las que nos enfrentamos nos provocan un tipo de emoción o estado de ánimo que se acompaña de un nivel de activación, y esta activación es a lo que llamamos ansiedad. Independientemente de si estamos alegres o enfadados la respuesta de activación del organismo es la misma (Aumento de la presión cardíaca, sudoración, aceleración del pensamiento…), aunque las vivamos como sensaciones totalmente diferentes. Así que, por un lado, las situaciones nos provocan una emoción con un nivel de activación y, por otro ¿dónde quedamos nosotros? Nuestro primer papel es el de controlar la activación y llevarla al nivel adecuado para enfrentarnos a lo que tenemos delante.

En los ejemplos anteriores no es realmente complicado que una persona pueda controlar su activación, ya que hacer deporte o disfrutar de una fiesta son actividades placenteras. Pero en la vida cotidiana la cosa cambia, ya que solemos llevar un ritmo muy frenético con muchas obligaciones y con poco tiempo, lo que hce que contemos con una ansiedad demasiado elevada para las situaciones a las que nos estamos enfrentando. Este ritmo de vida puede producir que estemos con una ansiedad elevada la mayor parte del día, siendo muy difícil para nosotros tranquilizarnos y descansar cuando la jornada ya ha llegado a su fin.

No debemos olvidar que la ansiedad sirve para enfrentarnos a las situaciones, por lo que tener una activación elevada sin situación a la que enfrentarnos puede producir mucha angustia, al igual que cuando tenemos un problema sin resolver, o nos preocupa mucho algo. En este caso nuestra mente está llena de energía, pero como no nos podemos enfrentar al problema directamente, el pensamiento va descarrilado y automáticamente damos mil vueltas sobre el problema; también nuestro cuerpo está muy activo con nuestros músculos en tensión y con gran agitación al no poder llevar esa energía a la acción. Este mantenimiento de la activación es algo automático, sobre todo cuando tenemos preocupaciones o problemas sin resolver, pero saber bajar nuestra ansiedad después de enfrentarnos a las situaciones o cuando no las podemos solucionar en ese momento es el segundo gran aprendizaje que debemos hacer para manejar adecuadamente la ansiedad.

Saber controlar la ansiedad para llevarla al nivel adecuado para la situación que estamos viviendo y poder reducirla cuando no es necesaria son las dos grandes capacidades que debemos aprender para gestionarla. No es tarea sencilla, ya que si lo fuese no habría tantas personas con problemas de ansiedad, pero entrenarnos en ello nos beneficia enormemente y, sobre todo, nos ayuda a prevenir el estrés.

¿Qué es el estrés y en qué se diferencia de la ansiedad?

La forma más sencilla de definir y de entender el estrés es decir que es un estado provocado por el mantenimiento de niveles altos de ansiedad durante un largo periodo de tiempo, marcado por el sufrimiento y la angustia en la persona afectada. Con lo cual, la diferencia entre la ansiedad y el estrés es que, la ansiedad, como hemos ido diciendo, es útil para nosotros porque cuanto mejor la controlemos, mejor podremos enfrentarnos a las distintas situaciones de la vida, y el estrés es un estado marcado por el sufrimiento y provocado por las dificultades en gestionar la ansiedad.

El estrés se ha estudiado enormemente en el ámbito laboral en donde se habla del “burnout” o “síndrome del trabajador quemado”. Para estudiar el posible desarrollo de este síndrome se contemplan que existen ciertos aspectos internos y externos al trabajador que pueden favorecer su aparición como una demanda de trabajo excesiva, demasiado control, no contar con estrategias de afrontamiento adecuadas, invertir demasiado esfuerzo y obtener poca recompensa…

Otro ámbito en el que se presta especial atención a la aparición del estrés es en el de las personas cuidadoras de personas dependientes. La “sobrecarga del cuidador” puede aparecer en los cuidadores principales de personas con discapacidad cuando las labores de cuidado absorben todo el tiempo de la persona y no puede atender a sus propias necesidades y proyectos, por lo que se entra en esta situación de sobrecarga que se acompaña de un gran sufrimiento, pensamientos negativos y grandes sentimientos de culpa.

Si el estrés se extiende en el tiempo puede convertirse en crónico y afectar enormemente a la salud de diversas maneras, provocando enfermedades o agravando patologías tanto físicas como psicológicas.

¿Cómo combatimos el estrés?

La mejor manera de combatir el estrés es esforzarnos en prevenirlo, para lo que debemos trabajarnos a diario, y así estar preparados para todas las situaciones que nos vengan. Desde un punto de vista general, podemos tener en cuenta lo explicado anteriormente para interiorizarlo e intentar practicarlo: Comprender que el estrés proviene de las dificultades en manejar la ansiedad, y tratar de mejorar su manejo a través del aprendizaje de las dos capacidades explicadas, es decir, saber controlar tu ansiedad para llevarla al nivel adecuado para solucionar la situación que tenemos delante y saber relajarnos cuando no es necesario que tengamos un nivel de activación alto.

Sin embargo, esto no es tarea sencilla para llevarla a la práctica y, además, hay personas que ya se encuentran inmersas en un estado de estrés, por lo que también resulta beneficioso comentar los siguientes consejos útiles más concretos.

En primer lugar, debemos tener hábitos saludables en cuanto a la alimentación y al sueño. Dormir mal y comer de manera desequilibrada no solo afecta a nuestra salud y nuestra concentración, sino también a nuestro estado de ánimo, ya que estamos más irritables y con más síntomas depresivos. La actividad física influye de igual manera en este aspecto, la realización de ejercicio de manera habitual ayuda a tener menos estrés.

Desconectar del trabajo y de las obligaciones es otro de los aspectos importantes, sino el que más. El descanso forma parte del trabajo, del estudio, y de la vida en general. Desconectar a diario por un rato de las preocupaciones sirve para impedir que mantengamos la ansiedad durante varios días. Para conseguirlo podemos realizar alguna actividad placentera a la que seamos aficionados o pasar el rato con amigos y familiares para dejar de pensar en las obligaciones durante un tiempo. Sin embargo, para aquellas personas que se encuentren en situación de estrés, como el caso de los cuidadores de personas dependientes, es muy beneficioso reunirse para compartir preocupaciones con personas que pasan por una situación similar.

La planificación del tiempo es una estrategia excelente para prevenir el estrés. De esta manera podemos dedicar unos minutos a organizar el día y a planear la cantidad de tiempo que destinamos para cada obligación, pudiendo también incluir los momentos de descanso a lo largo del día.

Por último, también existe la posibilidad de entrenarnos en técnicas que sirven para controlar directamente la ansiedad. El aprendizaje de alguna técnica de relajación o de otras capacidades como el Mindfulness o la meditación, pueden ayudarnos enormemente a manejar la activación para enfrentarnos a las distintas situaciones y a prevenir el estrés.

Guillermo Garzo Fernández

Neuropsicólogo de Atencis

Referencias bibliográficas

Iniesta, A. (2016). Guía sobre el manejo del estrés desde Medicina del Trabajo. Sans Growing Brands: Barcelona.

Osorio, J. E., y Cárdenas Niño, L. (2016). Estrés laboral: estudio de revisión. Revista Diversitas-Perspectivas en Psicología. 13 (1): 81-90.

Viale, M., González Palau, F., Cáceres, M., Pruvost, M., Miranda, A. L. y Rimoldi, M. F. (2016). Programas de prevención para el manejo de estrés de cuidadores de pacientes con demencia. Revista Neuropsicología Latinoamericana, 8 (1): 35-41.