Adentity

banner-cordoba-digital

Dobuss

Bebrand

¿Cómo apagar el Piloto Automático en mis Relaciones Personales?

Poner en marcha el piloto automático en algunas actividades y tareas puede resultarnos de gran utilidad. Por un lado, permite un gran ahorro de recursos y, por otro, somos más eficaces en la ejecución de esas tareas. No necesitamos estar constantemente aprendiendo y desaprendiendo, sino que podemos automatizar esos conocimientos y habilidades.

Sin embargo, esta actitud en otros campos puede traernos serios problemas ya que perdemos la noción de lo que está aconteciendo y restamos presencia al momento que estamos viviendo.

Y es que es innegable que sin atención, estamos a merced de nuestros impulsos más primarios. Sin atención no puede llegar la comprensión, el conocimiento y por supuesto, muchos menos que se den relaciones interpersonales de calidad debido a esa desconexión y desregulación emocional.

Cuando vivimos distraídos funcionamos con el «piloto automático». Respondemos a los demás de forma automática, enjuiciándolos de acuerdo a ideas fijas construidas en el pasado y no en el presente. Vemos a los demás detrás de una manta hecha de prejuicios sobre ellos.

Reaccionar de forma automática nos separa, nos aísla: Lo hacemos desde la memoria … y la memoria solo es pasado, mientras que la relación con el otro solo existe en el presente, por tanto, no se da una comunicación de calidad y pone distancia entre las personas.

¿Qué podemos conseguir estando más presentes?

Regalar presencia al otro va a nutrir esa interacción, permitiendo estar más atentos a los mensajes (verbales y no verbales), más abiertos, sin ideas preconcebidas, a la vez que somos más espontáneos y creativos. Asimismo, la otra persona se siente más acompañada, escuchada, comprendida, con la posibilidad de ofrecerle nuestra ayuda si la situación lo precisara.

¿Cómo superar esa barrera de incomunicación y ensoñación?

Podemos aprender a escuchar con el corazón. Es una habilidad que necesita ser entrenada, y como punto de partida, podemos comenzar a observar lo que vivo sin juzgar, poniendo toda mi energía en prestar atención a lo que realmente sucede, no a lo que mi mente me dice. Es decir: atendiendo al presente.

Para ello, fijaremos nuestra «lupa de atención» directamente a la experiencia sensorial del propio cuerpo. A continuación, propongo algunas prácticas para iniciarnos y que pueden resultar útiles para entrenar la atención:

1. Ejercicios de atención a la postura invertida y al recorrido corporal:

  • Ejercicio de postura invertida
    En cualquier posición que me venga bien, mantengo la cabeza y el tronco flexionado mirando al suelo, -debajo del corazón- mientras atiendo a la sensación de mi cuerpo, durante unos minutos.
  • Ejercicio de recorrido corporal para atender a las sensaciones de cualquier parte de mi cuerpo.
    Es como una especie de escáner corporal. Pongamos un ejemplo:
    Recorrido de observación del rostro:

    • Atiendo a las sensaciones de mi rostro
    • Siento la cabeza.
    • Luego siente la cara.
    • Partiendo de las sienes llevo lentamente mi atención hacia el centro de la frente, y al pasar sobre ella, si noto alguna tensión, procuro relajarla.
    • Luego, observo la sensación de los párpados.
    • Atiendo la sensación de los ojos.
    • Luego, observo la sensación de las dos orejas.
    • Atiendo la sensación de la punta de la nariz.
    • Luego, observo la sensación de las dos aletas de la nariz. (Y así con todos los elementos hasta integrar la cara por completo).

Existen otras variantes, como es el recorrido de la observación de las sensaciones del cuerpo completo: manos, codos, brazos, piernas, pies…así hasta integrarlo en su totalidad; o de observación de las sensaciones durante la respiración.

2. Ejercicios de atención en actividades de la vida cotidiana:

  • Antes de levantarte, tras despertarte y en la cama atiende a las sensaciones del aire que inspiras y del aire que espiras durante unos minutos.
  • Al lavarte los dientes: Puedes atender a las sensaciones en tu boca, provocadas por el cepillo y la pasta de dientes.
  • Al ducharte: Observar cómo responde tu cuerpo al notar el agua, incluso, puedes jugar con diferentes temperaturas o presiones del grifo.
  • Durante las comidas, puedes detenerte y atender a las texturas y sabores de los alimentos.
  • Mientras caminas, puedes observar a las sensaciones de tu cuerpo, así como a los elementos externos del paseo (árboles, personas, colores, edificios, etc.).

Todos estos ejercicios tienen en común el uso constante de la atención, y por tanto, su entrenamiento para integrar la presencia en tu vida. Cuantas más veces los practiques, más presencia y conciencia irás adquiriendo, no solo en tus relaciones personales, sino en muchas más áreas vitales.

Rocío Lara Higuera. Psicóloga Sanitaria de Massvital Salud Integral (Córdoba).