Javier Collado

Dobuss

Un estudio liderado por investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) ha datado la secuencia de eventos que dio lugar a la Vía Láctea. Según detalla el IAC, el Universo de hace unos 13.000 millones de años era muy distinto al actual, las estrellas se formaban a un ritmo vertiginoso, creando las primeras galaxias enanas, cuya fusión daría lugar a las galaxias más masivas actuales, incluyendo la nuestra. Sin embargo, la cadena exacta de acontecimientos que modeló la Vía Láctea era un misterio hasta ahora.

Así, medidas precisas de posición, brillo y distancia para aproximadamente un millón de estrellas de la Galaxia en un radio de 6.500 años luz alrededor del Sol, aportadas por el telescopio espacial Gaia, han permitido a un equipo del IAC vislumbrar sus etapas iniciales.

«Hemos analizado y comparado con modelos teóricos la distribución de colores y magnitudes de estrellas en la Vía Láctea, diferenciando entre varias componentes: el denominado halo estelar y el disco grueso», señala Carme Gallart, investigadora del IAC y primera autora de este artículo, que hoy publica la revista ‘Nature Astronomy’. Estudios anteriores habían descubierto que el halo galáctico presentaba muestras inequívocas de estar formado por dos componentes estelares distintas, una dominada por estrellas más azules que la otra.

La forma de moverse de las estrellas de la componente azul pronto permitió identificarla como los restos de una galaxia enana (Gaia-Encélado) que impactó con una primigenia Vía Láctea. Sin embargo, la naturaleza de la población roja y el momento de la fusión entre Gaia-Encélado y la Galaxia no se habían desvelado hasta ahora. «El análisis de los datos de Gaia nos ha permitido obtener la distribución de edades de las estrellas de ambas componentes y ha mostrado que ambas están formadas por estrellas igualmente viejas, con una edad promedio mayor que la del disco grueso», indica el investigador del IAC y coautor del trabajo, Chris Brook.

Tomás Ruiz Lara, investigador del IAC y otro de los autores del artículo, señala también que «la pieza final del puzzle la proporcionó la cantidad de metales –elementos que no son ni hidrógeno ni helio– que poseen las estrellas de una y otra componente».