Javier Collado

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Dobuss

Redacción.- En el año en que se cumplen 30 años de la publicación de uno de los discos imprescindibles de guitarra flamenca, “Tauromagia” de Manolo Sanlúcar, la bailaora jerezana Mercedes Ruiz propone una coreografía para llevarlo a escena. Esta vez, son solo mujeres las que bailarán la obra cumbre de Sanlúcar, las que interpretarán esa alegoría del mundo del toro en ella recreada.

Los grandes temas presentes en el disco asoman también sobre las tablas: la vida, los sueños y realidades, el triunfo, el fracaso, el dolor, la muerte, el miedo, la alegría o las dudas son algunos de los grandes asuntos universales que el compositor trabajó en sus piezas a los que ahora Mercedes pone pasos de baile. El eterno combate dialéctico entre eros y tánatos se plantea aquí como la lucha entre dos energías o fuerzas que son contrarias, pero también complementarias: la una existe por oposición o ausencia de la otra.

Tauromagia, el espectáculo

El espectáculo propone una indagación en las interrelaciones entre la danza flamenca/española (en su sentido más amplio) y la tauromaquia. Y esto, no solo desde un punto de vista artístico y estético de ambas creaciones, sino como lenguaje para la expresión de vivencias, emociones y sentimientos de sus agonistas: triunfo/fracaso, sueños/realidades, alegría/dolor, confianza/duda, valor/miedo…

En el desarrollo dramatúrgico se entremezclan y confunden los desarrollos discursivos de los dos ejes anteriormente citados: el de la acción propiamente dicha y el de sus protagonistas.

Así –y desde la base referencial que nos propone la música de “Tauromagia”-, se propone una indagación coréutica sobre el conflicto eros-tánatos, planteado como dos energías / fuerzas contrarias, al tiempo que complementarias: se necesitan / se desencuentran en el transcurso de la vida; el triunfo de una significa (en apariencia) el fracaso (muerte) de la otra. Pero, en cuanto al tánatos / toro, su éxito (matar al torero) no evita su muerte: es un ‘ser-para-la-muerte’. Como el hombre, en definitiva.

La música de Manolo Sanlúcar posibilita y potencia esta dualidad dramatúrgica, ya que su “Tauromagia” dista mucho de ser una música meramente descriptiva (a la par que bella y flamenquísima): habla, sobre todo, de las impresiones, emociones y sentimientos del compositor y del hombre, de su vivencia existencial.

La fuerza de Mercedes Ruiz

Mercedes Ruiz es la máxima referencia de su generación en el compromiso por la evolución dentro del clasicismo de la danza flamenca. Su formación ha sido fundamentalmente autodidacta, acudiendo a los más importantes maestros y, sobre todo, aprendiendo de ellos en el escenario. Así, con solo siete años ya trabajó en la Compañía de Manuel Morao y Gitanos de Jerez.

Más tarde, y ya como bailaora formada, Mercedes Ruiz entra sucesivamente en las compañías de Antonio El Pipa, Eva Yerbabuena y Adrián Galia: tres artistas diferentes en los que Mercedes se va mirando para forjar su personalidad. Una personalidad que ya apreció el jurado del XVI Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, que le concedió el Premio Antonio Gades.