Javier Collado

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Redacción.- La realización de  un estudio de inmunidad es conveniente cuando aparece la erupción polimorfa lumínica (EPL), conocida como alergia al sol, puesto que puede ser un síntoma de enfermedad autoinmune, y conocer las posibles causas de la erupción es de gran importancia para aplicar el tratamiento más adecuado, según ha indicado Ignacio García Núñez, jefe del servicio de Alergología de los hospitales Quirónsalud Córdoba y Campo de Gibraltar.

El especialista ha señalado que estamos ante un cuadro de EPL cuando un paciente presenta una erupción cutánea tras exposición al sol, afectando sobre todo al cuello, escote y antebrazos, con lesiones de aspecto compatible con pápulas -lesiones de menos de un centímetro-, papulovesículas -lesiones con pequeñas ampollas con líquido- o placas enrojecidas, picor y dolor y aparición de forma estacional en verano. Es más frecuente en mujeres que en hombres y suele comenzar a partir de los 20 años, aunque también puede haber síntomas en la infancia.

Las lesiones pueden persistir durante varios días, normalmente se resuelven sin dejar cicatriz, y cursan brotes recurrentes que pueden volver a aparecer al verano siguiente. Así, para un correcto diagnóstico, el paciente debe acudir al alergólogo o al dermatólogo, pues se deben analizar detenidamente la forma, apariencia y localización de las lesiones cutáneas. La realización de una historia clínica lo más cuidadosa posible es importante para llegar al diagnóstico, además de la exploración y el estudio de inmunidad mencionado, por estar asociado con diferentes enfermedades autoinmunes que cursan con fotosensibilidad.

Para prevenir la EPL es fundamental proteger la piel con cremas solares de factor superior a 50, y fórmulas comercializadas para uso en pacientes con alergia solar, así como prendas para evitar la exposición al sol y es recomendable que las personas con una piel especialmente sensible eviten el uso de perfumes, desodorantes y cosméticos al tomar el sol, pues puede promover la aparición de una EPL.

Se trata de una patología que no tiene cura y se suele repetir todos los años, pero con las medidas de prevención los síntomas “disminuyen drásticamente”, ha destacado el doctor García. Para tratar los síntomas de esta erupción en fase aguda se pueden utilizar corticoides tópicos u orales, con los que se consigue aliviar el dolor y enrojecimiento de la piel, mientras que los antihistamínicos orales pueden aliviar el picor, y en casos extremos se pueden emplear inmunosupresores como la ciclosporina o la azatioprina.

El doctor García ha indicado que el tratamiento ideal es prevenir la reacción alérgica mediante el empleo de complejos vitamínicos con vitaminas antioxidantes durante los meses de primavera, que ayudarán a metabolizar mejor los rayos de sol cuando llegue el verano y aumente la cantidad de rayos ultravioleta que estén en contacto con la piel, ya que se considera esta alteración en la metabolización de dicha radiación como el motivo fundamental de aparición de estos síntomas.