Javier Collado

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Redacción.- Alrededor de 120 menores participarán entre julio y agosto en la Escuela de Verano promovida un año más por el voluntariado de Cruz Roja Juventud.

Dicha iniciativa, dirigida prioritariamente a infancia en situación de vulnerabilidad con edades comprendidas entre los 5 y los 17 años, se llevará a cabo entre el 1 y el 25 de julio en el colegio público Guillermo Romero y desde el 5 al 29 de agosto de agosto se desarrollará en el entorno de la sede de la institución humanitaria, situada en Cañada Real de Mestas, 2, en la barriada de Noreña.

‘Bawana’ –que significa ‘Continente’ en javanés, por lo que los niños y niñas serán organizados por grupos con nombres de continentes y habrán de investigar en torno a ellos- es el título este año de una Escuela de Verano en la que tomarán parte, entre otros, menores acogidos en distintos centros de la ciudad, así como hijos e hijas de familias refugiadas afincadas en la capital.

En cada uno de los dos periodos en que se divide, la escuela estará atendida por al menos una veintena de voluntarios y voluntarias, que han preparado para los menores un amplio abanico de talleres, como los de cine infantil, manualidades, expresión corporal, karaoke, pintacaras, hábitos saludables o medio ambiente, enmarcados todos en unos objetivos de desarrollo personal y de habilidades sociales a través de actividades lúdicas.

Con un horario que comprende de lunes a jueves entre las 10.30 y las 14 h, el programa de actividades planteado por Cruz Roja Juventud contempla dos días para refuerzo escolar y los otros dos para ocio y tiempo libre.

De igual modo, el voluntariado de la entidad ofrecerá desayunos a media mañana a los alrededor de 60 pequeños que cada semana asistirán a la escuela.

La escuela estival se enmarca y dota de continuidad al programa de actuaciones que la organización pone en marcha durante el curso escolar a través de sus proyectos de ‘Promoción del éxito escolar en menores en riesgo de exclusión social’ y de ‘Ocio y tiempo libre’.

Hay que recordar que las situaciones de pobreza y exclusión que sufren muchas familias redundan de manera especial en los niños y niñas que tienen a su cargo, ya que cada vez son más frecuentes los casos de familias que no son capaces de afrontar los gastos derivados de la escolaridad, y esto incide directamente en el sentimiento de pertenencia de los menores a la escuela y, por tanto, en su rendimiento académico.