Fotografía de archivo de un AVE.- Adif

Javier Collado

Dobuss

Redacción.- Tras décadas de espera, el AVE ha llegado finalmente esta semana a Granada, un hito para la ciudad nazarí que ahora se encuentra más cerca que nunca las principales capitales españolas. A Madrid en tres horas y a Barcelona en seis y media, la red de alta velocidad pone a disposición de tanto granadinos como el resto de ciudadanos de nuestro país e incluso de turistas extranjeros una alternativa más rápida y cómoda para llegar a la localidad andaluza y descubrir sus numerosos tesoros.

Desde su asombrosa Catedral, obra cumbre del Renacimiento y del Barroco español, junto a la Capilla Real, que alberga el sepulcro de los Reyes Católicos, hasta las empinadas callejuelas del Albayzín, la singular belleza de los cármenes o la majestuosidad de la Alhambra, visitar Granada es conocer la herencia de una cultura milenaria en un lugar que es pura música, poesía y, en definitiva, arte.

Hasta el corazón de la Octava Maravilla del mundo

Otra de las joyas que atesora la capital de la provincia andaluza es el Hotel Alhambra Palace. Emblema del paisaje granadino, el que probablemente sea el cinco estrellas con más historia de España, corona el horizonte desde la cumbre de la Colina de Peña Partida, a escasos metros del conjunto palaciego más icónico de la ciudad, al que rinde homenaje.

Estancias que respiran otro aire, donde permanece vivo el espíritu de las grandes personalidades que las habitaron en su día, de reinas y reyes a príncipes y jefes de gobierno; un lugar donde escuchar el susurro de los premios Nobel Severo Ochoa o Fishlerder; hablar de colores y matices con Sorolla mientras el sol declina tras la sierra de Alhama; conversar en el teatrillo con Federico García Lorca y Rafael  Alberti; hablar de música con Manuel de Falla o Ángel Barrios; tomar el té con Lawrence Olivier y James Stewart. Y todo ello con un valor añadido único: vivir la esencia del esplendor nazarí desde el corazón de la propia Alhambra, la Octava Maravilla del mundo.