Javier Collado

Dobuss

Desde hace un año y medio una perra mestiza Golden se encuentra esperando que liberen a su dueño en una comisaría en el centro de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Lleva la mitad de la condena.

La policía la llama Sheila, una perra de unos 4 a 5 años que “se robó” el corazón de los funcionarios policiales hasta tal punto que hace las visitas a los calabozos y acompaña a las patrullas. “Le hemos tomado mucho cariño”, dijo el funcionario. Su dueño cumple una pena en la cárcel de tres años.

«Sabemos que es de este muchacho porque la hemos visto siguiéndolo antes de su detención. Lo cierto es que el día en que hicimos el procedimiento y lo trajimos a la dependencia, al rato Sheila se presentó y ya nunca se fue. Creemos que debe haber seguido al patrullero”, dijo Martiní.

“Desde el primer minuto se ganó el cariño de todos y hoy forma parte de la familia de la dependencia. Tan integrada está que cuando el personal sale a recorrer las calles a pie ella los sigue”.

El  dueño de Sheila es un vecino conocido al que se le juntaron varias causas y fue condenado a tres años y medio de prisión efectiva. “Quedó alojado en la comisaría”, explicó el funcionario.

Además relató que todos cuidan con entusiasmo. Se encargan de darle agua y comida e incluso le han pagado una visita al veterinario, en la que estuvo 15 días internada, cuando otro perro, un dogo, la atacó y la lastimó bastante.

El responsable de la comisaría destacó a La Arena que Sheila “tiene libre acceso a la comisaría, entra, sale, se va y vuelve. Duerme siempre adentro, a veces en la zona de calabozos y está siempre en contacto con su dueño”.