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Castigar al que te incendió, hasta qué punto ¿No es castigarse a uno mismo? …

«Cuando te enojes, vuelve a ti mismo y cuida de tu ira. Y cuando alguien te haga sufrir, regresa a ti mismo y cuida de tu sufrimiento. No digas ni hagas nada, porque cualquier cosa que digas o hagas en un estado de ira podría estropear más tu relación. La mayoría no lo hacemos, no queremos volver a nosotros mismos, sino perseguir a esa persona para castigarla.
Pero si tu casa se está incendiando, lo más urgente es volver a ella e intentar apagar el fuego, y no echar a correr detrás del que crees que la ha incendiado, porque si lo haces, tu casa se quemará mientras te dedicas a atraparle”

Thich Nhat Hanh.

Estas palabras del famoso monje budista y maestro zen Thich Nhat Hanh, llegaron a mí no hace mucho y me resultaron reveladoras, además de inspiradoras.

La ira quema por dentro, arde, puede destruir nuestro »templo», es cierto. Pero centrarnos en la venganza, en destruir, en lugar de paliar el fuego para luego volver a construir, puede llenarnos de más pesar, de más ira, incluso de tristeza. Es cuando llegamos a esa especie de estado de vacío, de un sin sentido vital.

Hay situaciones difíciles de manejar donde la venganza o el quedar por encima del otro se ven como las únicas opciones, como la manera de encontrar algo de paz, pero es solo un espejismo.

Comportarse como jueces o verdugos no hará que recuperemos lo perdido. Solo el tiempo y el esfuerzo invertido en construir »nuestro templo», hará que encontremos ese desasosiego, la tranquilidad, la calma. Si gastamos esas energías en perseguir al otro, al final, cuando regresemos, nos encontraremos con las cenizas de lo que un día fue nuestra vida y nosotros, desgastados y sin fuerzas … con la visión de la destrucción frente a nuestros ojos.

Por tanto, ¿Hasta qué punto castigar al que te incendió no es un arma de doble filo, una manera de dañarse a uno mismo a la larga?

Eso no significa que tengas que pasar por alto los daños, ni hacer como si nada pasara. Simplemente aprende de la experiencia que estás viviendo o has experimentado, de ese momento de gran pesar por el que atraviesas. Escucha tu sufrimiento, observa qué ha pasado, o como bien dice el monje budista Thich Nhat Hanh: »Cuando te enojes, vuelve a ti mismo y cuida de tu ira. Y cuando alguien te haga sufrir, regresa a ti mismo y cuida de tu sufrimiento».

Nutramos, pues, la calma. Apaguemos fuegos, construyamos vidas, creemos oportunidades. Solo así tendremos unos buenos cimientos en nuestro templo, e iremos en el camino, de como siempre bien digo, de ser MÁS VITALES.

Fdo.: Rocío Lara Higuera, antigua juez y, ahora, mujer bombero y alumna de albañilería.