Javier Collado

Dobuss

Ya se ha consumado matemáticamente el descenso del Córdoba a la Segunda División B del fútbol español. La temporada del equipo blanquiverde ha sido un desastre desde la primera jornada de Liga, disputada allá por el mes de agosto. Aquel día la afición se marchó contenta a casa, no porque el resultado fuese bueno -un empate a 3 en el Nuevo Arcángel contra el Numancia-, sino porque el gol postrero de Aythami salvó un punto sobre la bocina, y ya sabemos el poder sanador que tienen los goles logrados en el últimpo suspiro de los partidos. Subidón al margen, en ese encuentro ya se vislumbraron parte de los males que han aquejado a este Córdoba a lo largo de la temporada.

La fragilidad defensiva se ha llevado por delante al equipo

Cualquier casa de apuestas daba por seguro el descenso de categoría del Córdoba. Gran parte de la responsabilidad de la mala temporada radica en la debilidad defensiva del equipo. Indistintamente del dibujo táctico, el Córdoba no ha sido capaz de transmitir solidez defensiva en ninguna fase de la temporada. Ninguno de los tres entrenadores que han pasado por el banquillo andaluz ha podido crear un andamiaje defensivo con la consistencia suficiente como para poder sostener al equipo.

Los números son desoladores: 74 goles encajados en 38 partidos disputados. Eso supone encajar casi dos goles partido, lo que quiere decir, que el equipo para poder puntuar tendría que marcar 2 o 3 goles por encuentro. Desde luego se trata de unas cifras insostenibles. El pobre rendimiento defensivo ha exigido al equipo un ritmo goleador propio de club grande. Y el Córdoba, ni lo es, ni tiene en sus filas a cracks de la talla de Leo Messi o Cristiano Ronaldo. A pesar de eso, el equipo ha conseguido anotar una cantidad de goles más que digna. 42 tantos que en condiciones normales hubiesen servido para dejar al equipo en las tranquilas aguas de la mitad de la tabla. Pero los 74 goles encajados han sido un tsunami que se ha llevado por delante al equipo. Otro dato que habla muy mal de la estructura defensiva de los andaluces es que solo han conseguido dejar la portería a 0 en 6 ocasiones.

El Córdoba solo ha podido ganar 6 partidos, casi la mitad de victorias que el recién ascendido Rayo Majadahonda, equipo que marca la frontera con los puestos de descenso. Hubo que esperar hasta la jornada 8 para ver la primera victoria cordobesista, gracias al gol logrado por Piovaccari en el minuto 74. El delantero italiano ha sido, con sus 11 dianas anotadas, uno de los pocos jugadores que se han salvado de la quema. También hay que destacar la labor de Miguel de las Cuevas, autor de 9 tantos y auténtico referente del equipo sobre el terreno de juego.

Llega el momento de pensar en la próxima temporada, de reinventarse. Volver a Segunda División no será fácil. Esperemos que el Córdoba pueda volver pronto a la categoría de plata. Ahora, más que nunca, es el momento de seguir a pies juntillas la letra del himno cordobesista que dice: «(…) jugar para ganar,/ganar para sentir,/ sentir para luchar,/ luchar para vivir,/ vivir para soñar que mientras viva/ iré contigo hasta el final (…)».