Javier Collado

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Un anciano de la localidad de Miyazaki, en Shintomi (Japón), plantó cientos de flores de color rosa en su jardín para conseguir devolverle la felicidad a su esposa, que había perdido la sonrisa cuando la diabetes le privó de su vista.

El señor y la señora Kuroki se casaron en 1956 y se mudaron a su actual hogar, donde tuvieron dos hijos. Unos años después la esposa del anciano empezó a tener problemas de vista a causa de la diabetes, hasta que finalmente dejó de ver por completo. La ceguera de la mujer hizo que esta se sumiese en una depresión, encerrándose en su casa y solo saliendo cuando era necesario.

El señor Kuroki, viendo el sufrimiento de su esposa, quiso tener un gesto con ella para animarla y empezó a cultivar shibazakuras, un tipo de flor de color rosa muy aromático. Su idea funcionó, y su mujer comenzó a salir de casa, lo que hizo que el anciano trabajara su jardín durante dos años hasta cubrirlo completamente de rosa. En la actualidad, su mar de flores rosas particular atrae a más de 7.000 turistas al año.