Javier Collado

Bebrand

Elena Páez. Reproducimos la reflexión para el Jueves Santo del sacerdote de la Diócesis de Córdoba, Gaspar Bustos:

«La Liturgia de la Iglesia Católica se ha ido haciendo en la experiencia orante del Pueblo de Dios, la Iglesia, desde la Sagrada Escritura y la Tradición. La llamada Semana Mayor tiene sus elementos pascuales como marco y experiencia acumulada de siglos. La fe del Pueblo lo ha puesto de manifiesto constantemente. El Jueves Santo ha sido una de las celebraciones más vivas y queridas a lo largo de la historia y la experiencia viva de la fe. La centralidad está en el misterio eucarístico.

El evangelista San Juan nos dice que Jesús “habiendo amado a los suyos que estaban con Él, los amó hasta el extremo”. Un amor tremendo, loco, exagerado, si queréis: quedarse presente en el Pan y el Vino consagrados. Pero resulta tan grande el Misterio que, poco a poco, se irá forjando el día para su celebración.

El lavatorio de los pies, como preámbulo, nos invita a la limpieza de alma y al servicio de la caridad. El Sacerdocio como forma divina de darse y de quedarse entre nosotros. Surge, a la vez la Comunión y la Adoración Eucarística. El amor es activo y se construyen altares monumentales para vivir este gran misterio del “Amor de los amores”.

La Adoración se prolonga hasta, casi, el Calvario. El pueblo, al menos en otros tiempos, se lanza a la calle con sus mejores galas y las Iglesias se llenan de fieles que adoran y agradecen el Don recibido. Se trata de uno de los días más grandes y solemnes.

Se nos queda chico y se añade el día del Corpus para saciarnos de su Presencia de Amor. ¡Acudamos a la Celebración de la Misa! Adoremos, después, con fe y amor a Jesús, calladito en la Eucaristía, en el Monumento y preguntémosle qué quiere de nosotros, para adorarlo y seguirlo de verdad.

Él nos conducirá a vestir al desnudo, a dar de comer al hambriento, a consolar al triste, ayudar al necesitado y perdonar, ¡siempre perdonar!, al enemigo.»