Javier Collado

Dobuss

La prestigiosa revista ‘Nature Biotechnology’ acaba de publicar los resultados iniciales de todo un hito investigador: el diseño de un nuevo tipo de antibióticos programables creados a medida no sólo para atacar exclusivamente a las bacterias denominadas ‘malas’, sino incluso para evitar la aparición de resistencias.

El descubrimiento lo lidera el profesor universitario de origen compostelano Alfonso Rodríguez-Patón, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Este destacado investigador, que se formó en la USC, donde estudió Ciencias Físicas y se especializó en microelectrónica, completó sus estudios en Madrid con un Máster y un Doctorado en Inteligencia Artificial (IA).

Fue entonces cuando comenzó a programar autómatas biomoleculares a partir del ADN, y a adentrarse en el complejo mundo de la biología sintética, lo que le permitió completar su faceta investigadora en la Universidad de Harvard, hasta llegar a ser capaz de programar incluso una célula viva.

Hoy todos esos años de dedicación académica y esfuerzo investigador se ven altamente recompensados con un descubrimiento que constituye un paso de gigante en la lucha de la medicina contra las infecciones bacterianas. Pues si bien es de todos sabido que los antibióticos representan una línea de defensa fundamental para enfrentarse a las bacterias, no es menos cierto que este procedimiento clínico no está exento de efectos colaterales.

Como señala Alfonso Rodríguez-Patón, “entre las consecuencias no deseadas debemos mencionar el ataque que realizan los antibióticos a las bacterias beneficiosas de nuestro organismo, e incluso la generación de las indeseables bacterias multi-resistentes”. El profesor de la UPM nos recuerda que sobre este efecto secundario, el de la conocida resistencia a los antibióticos, lleva tiempo alertando la propia Organización Mundial de la Salud. De hecho, “la OMS augura que será la causa de muerte de en torno a 10 millones de personas cada año en 2050”.

Ingenieros, físicos y microbiólogos de la UPM y del Instituto Pasteur de París (donde destaca el equipo de Didier Mazel y la “masterchef” del antibiótico Rocío López-Igual) llevan cinco años desarrollando esta investigación dentro del proyecto PLASWIRES (“PLASmids-as-WIRES”) que dirige el propio Alfonso Rodríguez-Patón. Se trata de un proyecto interdisciplinar europeo del tipo FET (Tecnologías Futuras Emergentes).

El resultado es un antibiótico que, insertado en bacterias centinela, se transmite entre las bacterias vecinas como una bomba genética programable. Sólo si la bomba alcanza una bacteria virulenta o resistente, la bomba se activa y mata a dicha bacteria. “Nuestro antibiótico es muy selectivo porque lo podemos programar para atacar a un tipo especifico de bacteria, ya sea virulenta, resistente, o ambas cosas”, resalta Rodríguez-Patón. Además, como afirma el investigador santiagués, “los resultados ya se han comprobado experimentalmente en organismos vivos como el pez cebra y crustáceos infectados con la bacteria del cólera”.

Asimismo, se detectan ciertos indicios, todavía preliminares, que apuntan a que algunas de esas toxinas se puedan programar contra células tumorales, lo que plantea desafiantes investigaciones posteriores para comprobar si estas armas genéticas son capaces de funcionar también como agentes anticancerígenos en seres humanos.

Este trabajo es una aportación de investigación básica (fundamental) que introduce en la comunidad científica un nuevo tipo de antibióticos diseñados a medida o programables. “Esperamos que nuestro antibiótico funcione en un futuro en humanos. Pero si no lo conseguimos, al menos esperamos que el concepto de antibiótico programable seduzca a muchos grupos de investigación para que diseñen nuevos antibióticos inspirados en el nuestro”, concluye Rodríguez-Patón.