Javier Collado

Dobuss

Su primer viaje en avión, a los 36 años, lo trajo de Kenia hasta Dubai. Voló alto. Más alto de lo que alguna vez imaginó este maestro de matemática y física, y hermano franciscano, que enseña en la escuela secundaria Keriko Mixed Day, en Pwani Village, en una zona remota y semiárida del valle del Rift, en Kenia, donde la relación de estudiantes por maestro es de 58 a 1. Peter Tabichi apenas pudo agradecer a sus alumnos, a la escuela, a su papá, que no paraba de aplaudir cuando escuchó en la voz del actor Hugh Jackman, el presentador de la ceremonia, la voz de su hijo.

Peter Tabichi se consagró como el mejor maestro del mundo. No lo puede creer. El docente keniata ganó hoy el Global Teacher Prize 2019, que entrega la Fundación Varkey y al que se compara con el premio «Nobel» de educación. Tabichi recibirá un millón de dólares.

Proyectos para invertir el dinero en su comunidad no le faltan. «Tenemos una sola computadora que compartimos entre los maestros, la secretaría y los alumnos», había confesado a La Nación horas antes, cuando terminó su master class en uno de los auditorios del Foro Global de Educación y Habilidades (GESF). Contó también que se sentía honrado de haber sido elegido entre los 50 mejores de entre 10.000 candidatos de 179 países.

Peter Tabichi dona el 80% de sus ingresos mensuales para ayudar a la comunidad. La mayoría de sus alumnos son pobres. Muchos también huérfanos, y algunos no tienen casa. La comida no siempre llega al plato para los chicos, por eso Tabichi instaló una cocina en la escuela. Cree en sus estudiantes, y los motiva. Uno de los proyectos por los que quedó seleccionado es el Club de Ciencias que desarrolló en la escuela, ayudando a los alumnos a diseñar proyectos de investigación, con tanta aprobación y entusiasmo que el 60% de sus alumnos califica actualmente para las competencias nacionales.

Tabichi, con otros cuatro colegas, también da clases individuales a alumnos de bajo rendimiento en Matemáticas y Ciencias fuera del horario escolar, y durante los fines de semana. Cuenta que es durante esos momentos de visita en las casas de los estudiantes que aprovecha el tiempo para conocer a sus familias y darse cuenta de los desafíos que enfrentan.