Javier Collado

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CBN. La historia de la fotografía cordobesa centró la primera mesa redonda de la XVI Bienal de Fotografía de Córdoba, La memoria de la luz. Córdoba a través de la fotografía, celebrada hoy en el Centro de Recepción de Visitantes y en la que participaron la directora del Archivo Municipal, Ana Verdú Peral; el fotógrafo y coleccionista Juan Antonio Fernández Rivero; el doctor en Historia del Arte, comisario y crítico Ángel Luis Pérez Villén y el fotógrafo Fernando Sendra, moderados por José F. Gálvez, coordinador de las actividades complementarias de la Bienal y que introdujo el acto aludiendo a Niépce y Daguerre, figuras principales en el nacimiento de la fotografía, así como al fotógrafo cordobés J. Albors, autor del primer daguerrotipo del que se tiene constancia en la ciudad, del año 1844.

Fernández Rivero abrió la mesa con una ponencia sobre la formación de la imagen fotográfica en Córdoba en el siglo XIX. El especialista mostró dos imágenes de David Roberts (exterior e interior de la Mezquita-Catedral) que ayudaron a fijar la iconografía promocional de la ciudad. Edward-King Tenison retrató Córdoba en 1852, y posteriormente Alphonse Delauney y varios estereoscopistas franceses como Ferrier. También es importante la colección de Luis Leon Masson, que realiza “una de las mejores fotografías primitivas de Córdoba”, con el Puente Romano, la Mezquita al fondo y unas vacas pastando en primer plano. Es, además, “el primero que consigue una foto del interior de la Mezquita en formato grande”. El experto y coleccionista mostró asimismo imágenes de Ernest Lamy (1863) y Jean Andrieu (1867), “que tiene una preciosa colección de 15 fotografías de Córdoba”, con espacios muy distintos, que “incluye en la toma deliberadamente la sombra de la cámara”. En un paisaje dominado por los franceses, el inglés Frank Mason Godd “hace una colección magnífica” a finales de esa década. “La mejor parte de su colección es Córdoba; él queda impresionado por la plaza de la Corredera”, añadió el ponente.

La década de los 70 está protagonizada por Jean Laurent, “cuya colección es apabullante”; se interesa por personajes y oficios de la ciudad y llega incluso a realizar fotografías de las Ermitas. A partir de los 80 se produce “una auténtica explosión: ya es difícil de abarcar”. Fernández Rivero destacó las aportaciones de Ventura Reyes Corradi, Tomás Molina, Rafael Garzón y Rafael Señán y González, los dos últimos ya en los 90.

Ángel Luis Pérez Villén inició su intervención, sobre el siglo XX, subrayando que en el inicio de la centuria el pictorialismo fue perdiendo fuerza ante la fotografía directa. “La fotografía busca la pureza y la inmediatez, la objetividad”, indicó el crítico. Se revela un “empeño por dotar a la fotografía de un valor intrínseco”, como muestran distintos autores. También son los años “del afianzamiento técnico” de la disciplina fotográfica, con la irrupción de nuevos hallazgos. Y también surge una corriente historiográfica “que convierte la fotografía en materia de archivo”. La fotografía pura acaba transformándose “en un nuevo formalismo”, con autores como Brassai. En España, después de la Guerra Civil destacan los planteamientos del grupo Afal o Català Roca.

En las primeras décadas del siglo XX la fotografía cordobesa “deambula” entre lo comercial y lo creativo. “Lo habitual es la fotografía publicitaria y la amateur”, explicó Pérez Villén. Posteriormente algunos estudios realizan un estimable trabajo creativo, con nombres de referencia como Francisco Linares o José Jiménez, “relacionado con el grupo Cántico desde sus inicios”, especialmente con Ricardo Molina. En la segunda mitad del siglo XX destacan nombres como Ricardo, Framar o Ladis. Entre los reporteros contemporáneos, el especialista subrayó la labor de Francisco González, Antonio Jesús González, Francisco Sánchez Moreno y Rafael Carmona, entre otros. El ponente tuvo palabras elogiosas para Gervasio Sánchez, que utiliza la fotografía “como herramienta de verdad, crítica y solidaridad”. Rafael Trobat, por su parte, “ha conseguido sortear los clichés de la fotografía documental”.

Pérez Villén reparó en la labor desarrollada por la Asociación Fotográfica Cordobesa (Afoco) desde principios de los años 80, así como en la de Juan Vacas, “incansable autor experimental, investigador acérrimo y poeta del color”, y José F. Gálvez como fotógrafo y gestor. En el ámbito fotográfico cordobés, José Carlos Nievas, “representa mejor que nadie el espíritu creativo de los años 80”. Y Manuel Ángel Jiménez propone una obra en la que se revela “el nervio aterciopelado del cromatismo”. El experto compartió asimismo con los asistentes imágenes de Rafael Agredano, Tete Álvarez y “versos sueltos” como Plácido Pérez y Manuel Alcaide, así como de creadores más jóvenes como Miguel Ángel Moreno Carretero o Marisa Vadillo.

El viaje en el tiempo continuó con Fernando Sendra, que habló sobre la poesía cordobesa del siglo XXI. “Lo digital se ha comido la fotografía, que ya se divide entre analógica y digital, y lo analógico ha pasado a ser un sentimiento romántico o nostálgico: el concepto de la fotografía y de lo que es la captura fotográfica ha cambiado mucho”, reflexionó Sendra. “El planteamiento de lo que es la edición y la posproducción es totalmente nuevo, es un campo que no tiene límites” y que ha llevado a algunos expertos a acuñar el término “posfotografía”. En el mundo digital “queda mucho por evolucionar, y se inventarán cosas que nos harán ver la fotografía de otra manera”. En su recorrido por el panorama fotográfico cordobés del presente siglo, el ponente destacó el trabajo de Ángel García Roldán, que desarrolla “una fotografía muy conceptual”, con imágenes “cargadas de simbología, sobrias pero dotadas de un mensaje muy personal”; Andrés Cobacho, que tiene “un registro más experiencial”; Verónica Ruth Frías, que muestra “un profundo compromiso con la problemática de género y la experiencia de la maternidad”; Antonio J. Morales, “de formación pictórica” y que “recrea escenas con personajes hieráticos”, dotadas de “una carga conceptual fuerte”; Lola Guerrera, cuya “fuente de inspiración” principal es la naturaleza; Juan Manuel Vacas, “que se ha desarrollado sobre todo como fotoperiodista”; Victoria Adame, que “se centra en lo humano y las emociones”; Manuel Torres, que “tiene una mirada muy callejera” y se centra en “retratar lo que él ve” con “una finalidad documental”; Pilar Mayorgas, que realiza “proyectos sobre temáticas determinadas”; y Manolo Bautista, que “trabaja mucho con las nuevas tecnologías, manipulando digitalmente sus fotografías para darles un significado diferente”. Sendra cerró su ponencia con imágenes suyas.

Finalmente, Ana Verdú habló sobre el patrimonio fotográfico del Ayuntamiento de Córdoba. “Es muy reciente el arraigo de las fotografías en los archivos; la clave está en preguntarnos qué prima más en ellas, la cualidad documental o la artística. Yo creo que las dos”, apuntó la conferenciante, que defiende que “los archivos no pueden ignorar la fotografía” ni “su actividad dinamizadora” al servicio del “rescate de la memoria no escrita”. Por otra parte, “los ciudadanos sienten una gran atracción por la fotografía”. Verdú subrayó la “consideración patrimonial” de esta disciplina, que permite “evitar la amnesia colectiva”.

La responsable explicó las distintas rutas que tienen las fotografías para llegar a los archivos y el trabajo que el Municipal de Córdoba desarrolla con ellas.