Javier Collado

Dobuss

Yuki es un perro lobo que fue abandonado por un hombre en un refugio y corría el riesgo de ser sacrificado, pero, para su fortuna, el santuario Shy Wolf decidió rescatarlo y brindarle una segunda oportunidad. «Su prueba de ADN dice que es 87,5% lobo gris, 8,6% Husky siberiano y 3,9% Pastor alemán», explicó Brittany Allen, una de las cuidadoras del santuario que le salvó la vida.

Yuki, que tiene 12 años, era desconocido hasta ahora, pero un vídeo en el que sale junto a Brittany y que muestra sus grandes dimensiones —aunque su cuidadora asegura que no lo son tanto— ha conquistado internet y ha provocado que se sepa la trágica historia del animal.

«Lo rescatamos de una difícil situación. Lo compraron de un criador, pero se dieron cuenta de que era demasiado grande para tenerlo. Lo abandonaron en un refugio cuando solo tenía 8 meses para que fuera sacrificado. Entonces, llegamos nosotros y le proporcionamos un hogar y ha estado con nosotros desde entonces», asegura a Bored Panda.

Los perros lobo generalmente son rechazados y su comportamiento puede llegar a ser impredecible debido a su mezcla de rasgos. Por eso, desde el santuario piden respeto hacia ellos: «Los animales con los que trabajo nunca han vivido en la naturaleza y nunca lo harán, así que están más socializados. Mostramos sus momentos adorables esperando que la gente se identifique con ellos y cambien su respuesta de miedo a un respeto saludable a través de la educación.

Y también les damos la oportunidad de una vida decente, ya que si no serían sacrificados», dijo Brittany. «Son más difíciles en mi opinión, porque no sabes exactamente cuanto comportamiento de lobo y de perro tendrán. Yuki no es necesariamente más sociable que los lobos puros. Tenemos lobos que huyen cuando ven gente porque son tímidos. Yuki corre hacia esa nueva persona, y si no le gusta se volverá agresivo hacia ella», argumentó.

Con el paso del tiempo, Yuki se ha convertido en «uno de los animales más interesantes del santuario». Sin embargo, a los tres años de estar allí, el santuario recibió la triste noticia de que padece leucemia, aunque no se nota a primera vista. «Se le diagnosticó el año pasado, y por desgracia, es terminal. No sabemos cuando tiempo le queda, aunque Yuki lleva tiempo luchando contra ello y persevera. Cuando llegue el día en que empiece a mostrar síntomas, haremos lo que hacemos siempre, tomar la decisión adecuada para que no sufra», asumió su cuidadora.

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