Javier Collado

Dobuss

CBN. Hay historias de superación que superan cualquier lógica y que en este caso la protagoniza una mujer argentina llamada Eugenia Isabel Díaz, «Chabela».

Huérfana desde muy pequeña, tuvo que se criada por su abuela en la localidad de Formosa. Muy joven, a los 16 años, tuvo a su primer hijo, pero tuvo que pagar un precio muy caro de esa relación, ya que hasta los 24 años y con tres hijos a su cargo fue víctima de violencia de género a manos de su pareja, quien la tenía recluida en casa y la agredía, ocasionándole heridas de las que en algún caso tuvo que ser atendida en el hospital y teniéndole que aplicar hasta ocho puntos de sutura en la cabeza.

Ella además prefería esconderse para que nadie pudiera apreciar los hematomas que tenía con frecuencia.

Viviendo con ese temor y ya en una situación límite, decidió poner fin a esa relación, y alegando la violencia física, denunció a su marido, solicitó el divorcio y le fue concedida una orden de alejamiento.

Pero al no tener prácticamente estudios ni familia y sin que su pareja le aportara ingreso alguno, tuvo que padecer vivir largos periodos sin luz y hasta tuvo que vender ladrillos de su casa.

Pero renunciando a vivir esa vida, por ella y por sus hijos, decidió comenzar a estudiar en la misma calle, aprovechando la luz de una farola para ver en la noche ya que en una ocasión, utilizando velas se quedó dormida y sufrió un pequeño incendio que hizo prender una cómoda.

En esos años tan duros recibió muestras de solidaridad de algunas personas, que le ayudaban ante la dureza de su situación. “Mi amiga Gladis Cabrera me ayudaba con mi nena, se ocupaba de ella, la bañaba, la peinaba ya que yo me iba a las 4 de la mañana caminando con mis compañeros hasta donde se realizaba el curso”. De hecho su hijo mayor, en ese momento de 8 años, también: “Despertaba a sus hermanos, a la nena de 3 la llevaba hasta la guardería y se tomaba el colectivo con los otros de 5 y 6 para la hostería”.

Una vez superó los estudios necesarios, se inscribió en un curso de auxiliar de enfermería, que le permitió contar con los estudios básicos para acceder a la Universidad y concluir sus estudios superiores de Enfermería, logrando incorporarse. auxiliar de enfermería en el Hospital de la Madre y el Niño de Formosa.

En ese periodo tuvo su cuarto hijo con su nueva pareja.

Posteriormente pudo llegar a ser supervisora, y hoy día, a sus 58 años, y 31 de experiencia ha llegado a ser Jefa de Enfermería en el Servicio de Ginecología del citado hospital.

“Mi mensaje para las mujeres es que estudien y salgan adelante. Que a la mujer que se hace valer nadie le pega ni la pasa por encima.”, afirma.

Hoy día dice que puede vivir tranquila y darle algún capricho a sus hijos y a sus nietos.

Y por desgracia, la tragedia aún no le ha abandonado del todo, ya que hace sólo 4 años, perdió a su hijo pequeño, a la edad de 25 años, en un accidente de tráfico.

Por fin vive en una casa digna, a solo dos manzanas de aquella farola en la que estudiaba de noche cuando no podía pagar la luz.