Javier Collado

Dobuss

Elena Páez. La Congregación para la Doctrina de la Fe ha expulsado del sacerdocio al excardenal y arzobispo emérito de Washington Theodore McCarrick tras ser acusado de abusos sexuales a menores y seminaristas, informó hoy la oficina de prensa de la Santa Sede en un comunicado. Ha sido expulsado del sacerdocio y reducido al estado laico, la pena más dura que contempla la ley canónica.

Se trata de una decisión sin precedentes en la historia reciente de la Iglesia católica y que se conoce a las puertas de que se celebre en el Vaticano una importante cumbre contra los abusos dentro del clero.

La sentencia es inapelable. Según informó la oficina de prensa de la Santa Sede en un comunicado, «el Santo Padre reconoció la naturaleza definitiva, de acuerdo con la ley, de esta decisión, que hace que el caso sea resulto, es decir, no sujeto a una nueva apelación».

Esta decisión de la Congregación llega una vez el papa Francisco ordena el año pasado una investigación sobre la conducta presuntamente inapropiada del religioso, a quien habían apartado del Colegio Cardenalicio y de sus funciones hasta que se aclarasen las acusaciones contra él en un juicio canónico.

Theodore McCarrick fue arzobispo de Washington, probablemente el cargo con más poder de la Iglesia católica en Estados Unidos. En 2001 alcanzó el rango de cardenal de la mano de Juan Pablo II y cuatro años más tarde participó en el cónclave en el que resultó elegido Benedicto XVI. Fueron esos años en los que empezaron a salir a la luz algunas denuncias por abusos; las víctimas eran principalmente seminaristas con los que el religioso habría mantenido relaciones sexuales aprovechándose de su posición de poder y jóvenes de familias que frecuentaban la Iglesia y que solían referirse al sacerdote como «tío Ted».

La primera denuncia pública por abuso sexual fue presentada en 2008 por un ex sacerdote en una carta abierta dirigida a Benedicto XVI, pero el caso no explotó hasta el año pasado cuando salieron a la luz pruebas consideradas creíbles de abusos sexuales a un adolescente cometidos hace casi cincuenta años.

Fue entonces cuando McCarrick renunció y el Papa aceptó su renuncia, retirándolo del cardenalato. Fue una sanción dura que convirtió al ex arzobispo en el primero en casi un siglo en perder su birrete cardenalicio.

El Papa le prohibió participar en cualquier actividad o ministerio público y le ordenó conducir una vida de oración y penitencia. Desde entonces, vive recluido en un convento de capuchinos franciscanos en Estados Unidos.

Esta ejemplar sanción impuesta por el papa Francisco no le evitó, aún así, que en agosto del año pasado, el ex nuncio Carlo Maria Viganó acusara públicamente al pontífice de haber ocultado los abusos del purpurado y exigió su renuncia. La acusación sin pruebas de Viganó desencadenó un duro ataque contra Bergoglio por parte del sector más conservador dentro de la Iglesia católica estadounidense, contrarios a las reformas iniciadas por el papa argentino.

Con esta sentencia se cierra de momento uno de los casos de abusos dentro del clero que más ha hecho temblar los muros vaticanos. Y no sólo porque fuera hacia un alto cargo, sino porque según algunos testimonios, el comportamiento de McCarrick era de sobra conocido por sus superiores y la Santa Sede estaba al corriente de las acusaciones contra él meses antes de que fuera creado cardenal, lo que no impidió su ascenso en las altas jerarquías católicas. Sólo durante el pontificado de Bergoglio llegaron las primeras sanciones: la expulsión del colegio cardenalicio y ahora del sacerdocio.