Javier Collado

Dobuss

Durante años, el remoto pueblo de Poyakonda, en Rusia, no ha contado con una parada de tren. Allí ha vivido siempre Karina Kozlova, que no tenía más remedio que dedicar cada día más de tres horas en poder ir a la escuela.

La mayoría de las veces la acompañaba su abuela, e iban recogiendo por el camino a otros niños en circunstancias parecidas. Lo más curioso es que por el pueblo de Kozlova sí pasaba el tren, pero no hacía parada o si lo hacía era para recoger exclusivamente a personal ferroviario, según informa BBC.

Tampoco había una petición popular para que el convoy parase allí pues en este pequeño pueblo de unos 50 habitantes, la mayoría trabaja en un centro de investigación científica. El esfuerzo de Karina para ir a clase cada día será mucho menor gracias a esta parada de tren.