Javier Collado

Dobuss

La joven profesora Laura Luelmo fue asesinada en la localidad de El Campillo, en Huelva, donde se había trasladado recientemente para ejercer en un colegio. El asesino confeso, Bernardo Montoya, es un exrecluso que ya fue condenado por asesinato y que antes de salir en libertad advirtió de las consecuencias.

Ahora, los padres de la joven han enviado una carta a las Cortes de Castilla y León y que publica ABC donde aseguran que el Estado ha «fracasado estrepitosamente al no ser capaz de garantizar el derecho a la vida y a la integridad física» de su hija.

En esos párrafos, los progenitores aseguran que la expusieron «a un monstruo que, habiendo pasado por instituciones penitenciarias con el fin último del cumplimiento de su pena y su total rehabilitación para la inserción social, en el momento en que sale en libertad comete de nuevo»: «En la persona de nuestra hija, los dos actos (asesinato y agresión sexual) por los que fue anteriormente condenado».

La familia ha pedido a los políticos que «reflexionen» ya que «algún día les puede tocar de cerca» y exigen «una disculpa y una petición pública de perdón del Estado por su tremendo fracaso en la no consecución del cumplimiento de la pena». Además, han pedido una revisión del Código Penal para endurecer penas: «Los asesinos y violadores reincidentes que no tienen ni han mostrado su voluntad de recuperación no pueden seguir violando y matando y las penas por este tipo de delitos se cumplan íntegras».

«Los monstruos y seres perversos no pueden convivir en una sociedad a la que odian y contra la que van a seguir actuando», zanjan. Los forenses de la autopsia definitiva de Laura Luelmo, la joven asesinada por Bernardo Montoya en El Campillo, Huelva, han determinado que murió en menos de ocho horas después de su desaparición.