Javier Collado

Dobuss

Elena Páez. Una reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Granada  ha dado la razón a un padre y ha declarado extinguida la pensión de alimentos que abonaba a su hija de 31 años, aunque cuando se interpuso la demanda de modificación de medidas tenía 27 años.

Aunque el juzgado de Primera Instancia, inicialmente consideró adecuado mantener la pensión de 150 euros mensuales que percibía, ha sido la Audiencia la que no ha compartido la tesis expuesta por el juzgado.

La joven, aunque convivía con la madre, se la estima alcanzada ya una edad en la que había finalizado sus estudios y que le era posible acceder al mercado laboral, atendiendo así a sus propias necesidades, afirma la Sala. Por tanto, en dicha situación debe entenderse que la pensión de alimentos carece de justificación.

Aún así, no se le puede dar extinción automática por el mero hecho de cumplir el hijo, 18 años. Pero tampoco debe durar un tiempo indefinido; la pensión de alimentos tiene naturaleza temporal.

Según la ley, es deber de los padres prestar alimento a sus hijos y el derecho es de estos a percibirlos; pero esto ocurre cuando son menores de edad o incapacitados. Una vez cumplidos los 18 años, según el artículo 142 del Código Civil, dicha obligación subsiste mientras el hijo/a no haya terminado su formación, siempre y cuando la causa no haya sido creada por la conducta del propio/a hijo/a.

Es por esto que, en un principio, la obligación de prestar alimentos cesará cuando el hijo mayor de edad alcance la independencia económica. Sin embargo, esta afirmación debe tomarse con cuidado también, porque lo que se quiere evitar es la situación de hijos parásitos.

En estas situaciones se extingue la pensión del beneficiario mayor de edad debido a su vagancia o desidia; el deber de los padres solo puede darse cuando el hijo/a no ha terminado la formación y mantenga una actitud diligente; lo contrario deja de ser razonable.

En esta ocasión quedó claro que la pensión debía extinguirse, pues la joven podía ya atender a sus propias necesidades, y podía ejercer ya un oficio o profesión, de tal manera que no le es necesaria la pensión alimenticia para subsistir.