Javier Collado

Dobuss

Elena Páez. Richard Mason, un empresario británico y millonario de 54 años, tras más de dos décadas de paternidad descubrió que había sido estéril desde nacimiento. En 2016 le diagnosticaron una fibrosis quística, y su médico le dijo con certeza que los tres hijos que llevaba más de 20 años criando no podían ser suyos. Hoy, tras un procedimiento legal de más de dos años, un juez ha decidido condenar a la que ahora es su ex mujer, a pagar 275.000 euros por fraude.

Su ex pareja consiguió en 2008 un acuerdo de divorcio valorado en 4,5 millones de euros, además de una pensión por los hijos que tenían en común. Sin embargo, Mason cuenta que durante una disputa hace ahora un par de años, ella le dejó caer que ni siquiera era el padre de los niños. Esto levantó en él las sospechas después de recibir el diagnóstico y de recordar que ella tuvo una aventura con otro hombre años atrás.

Un test de ADN confirmó poco después que no tenía ningún tipo de relación de parentesco ni con su hijo mayor, de 23 años, ni con los dos gemelos, de 19.

Descubrir que no era padre rompió su vida en pedazos, cuenta Mason. Afirma que incluso ha complicado su relación con los que él creía que eran sus hijos. «El mayor se graduó hace poco y yo ni siquiera fui invitado», cuenta con tristeza. «Tras el divorcio, su madre no paró de apretarme para que pagase más y más por ellos a pesar de que siempre cumplí con todo lo que me exigía la ley, mientras que su padre biológico no ha soltado un penique por ellos».