Javier Collado

Dobuss

Elena Páez. La casa de Avenida Cervantes número 5 de Córdoba es edificio muy singular, no solo por su particular arquitectura colonial, sino también por las historias que podrían contar sus paredes.

Para hablar bien de sus orígenes, tenemos que remontarnos al año 1890, cuando el periodista Ortega Munilla, el padre de Ortega y Gasset la mandó construir para mudarse a Córdoba con su mujer, que padecía problemas de salud. Ahora, casi 130 años después está a punto de convertirse en un referente de la alta cocina.

Aún así, no fue Ortega Munilla quien la hizo famosa; sino el hombre que la habitó entre los años 1942 y 1947: Manuel Rodríguez «Manolete», IV Califa del Torero.

Manolete habitó este edificio durante los que fueron los últimos años de su vida, y tras su muerte hubo muchos intentos por adquirir y recuperar el edificio, pero la familia lo mantuvo hasta el año 2006, cuando fue adquirida por la promotora Marin-Hilinger.

Finalmente, tras rechazar muchas ofertas para convertirlo en un hotel con encanto, el chef Juanjo Ruiz, de La Salmoreteca, lo ha alquilado para convertirlo en un núcleo de cultura y formación gastronómica en la ciudad.

Entre los atractivos de la casa, está la terraza de increíbles vistas que la corona, y que sus nuevos arrendatarios pretenden convertir en un espacio digno de la crónica social, escenario de presentaciones y eventos.

En concreto se propone abrir los conceptos gastronómicos La Casa de Manolete Bistró, que dará servicio durante toda la semana y A Flor de Piel, Grand Restaurant, restaurante que ofrecería elaboraciones de alta cocina sólo jueves, viernes y sábado noche.

Por otro lado, según ABC Córdoba,  en el edificio contiguo al palacete, y al que se accede por la Calle La Bodega, se pretende instalar la sede del CSACG (Centro Superior de Artes y Ciencias Gastronómicas), que contaría con el apoyo de la Universidad de Córdoba (UCO) y el CSIF (Centro Superior de Investigaciones Científicas)