Javier Collado

Dobuss

CBN. Alan Naiman trabajó para el Departamento de Servicios Sociales y de Salud  del estado de Washington, donde ganaba $67,234 dólares al año. Además, hizo otros trabajos paralelos, a veces con hasta tres empleos a la vez.
Aunque pueda parecer una historia normal, lo que ni siquiera su familia sabía sobre Alan Naiman es que su patrimonio fuera tan sorprendente, logrando acumular una cantidad de 11 millones de dólares. Más aún cuando llevó una vida muy austera: «Llevaba zapatos gastados unidos con cinta adhesiva, compraba su ropa en bazares, conducía un coche viejo y comía en restaurantes baratos», según la cadena estadounidense NPR
Al morir de cáncer a los 63 años, el trabajador social dejó la mayor parte de su patrimonio a organizaciones de caridad que ayudan a los pobres, enfermos, discapacitados y abandonados.

El empleado estatal ahorró e invirtió lo suficiente para ganar varios millones de dólares y también heredó unos cuantos millones más de sus padres.

De acuerdo con amigos conocidos, la decisión de dejar casi todo su patrimonio a asociaciones que ayudan a los demás viene del hecho de que su hermano mayor tenía una discapacidad de desarrollo.

Naiman dejó 2,5 millones de dólares para el  Centro de Cuidado Interino Pediátrico (PICC), una organización que atiende a bebés nacidos de madres que abusaron de las drogas y ayuda a los niños a abandonar su dependencia.

“Se lo dejó todo a las organizaciones benéficas, principalmente a los niños, la sección de la sociedad que realmente no podía ayudarse a sí misma”, dijo Shashi Karan, un amigo cercano de Naiman, a NPR.

Después, donó 900 mil dólares a la organización de cuidado de crianza y niños en acogida Treehouse, subrayando que él acogió a niños hace años y que les había llevado juguetes y artículos de primera necesidad durante mucho tiempo más.

Muchas de las organizaciones que se benefician de la generosidad de Naiman admitieron que no lo conocían.

Por su parte, la directora de desarrollo de TreehouseJessica Ross, reconoció la donación atestada de Naiman como una prueba de ‘filantropía’ y ‘amor’.