Javier Collado

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CBN. La Guardia Civil ha afirmado este miércoles que Laura Luelmo, la profesora zamorana de 26 años asesinada por Bernando Montoya en El Campillo (Huelva) asesinada por Bernardo Montoya en El Campillo (Huelva), pudo morir la noche del día que desapareció, y también han explicado que su asesino confeso le golpeó la cabeza contra el suelo de su vivienda, donde la introdujo «por la fuerza».

«Creemos que murió esa noche por el testimonio de Montoya, por el lugar en el que apareció su cadáver y por la posición en la que estaba», han explicado en rueda de prensa el coronel jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva, Ezequiel Romero, y el teniente coronel de la Unidad Central Operativa (UCO) Jesús García Fustel.

Esta versión de la muerte de Laura Luelmo contradice a la autopsia preliminar que situó la muerte de la joven entre dos o tres días después de su desaparición. Al respecto, los investigadores han matizado que aún no está terminada la autosia definitiva y han recordado que en la Sierra de Huelva, las temperaturas por la noche son bastante bajas, con lo que el cadáver estaba en «muy buen estado» cuando lo hallaron.

«No tenemos una autopsia totalmente finalizada, los datos que existen son previos y, con lo que nosotros manejamos, puede que no se correspondan con la realidad», ha explicado el coronel Ezequiel Romero, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva.

Según los datos que tiene la Guardia Civil, Laura Luelmo no salió a correr, como siempre se ha dicho, «porque por prescripción médica no salía nunca a correr», han explicado, sino que la joven salió a hacer la compra.

De hecho, la cámara del supermercado y un ticket que encontraron en la casa de Montoya confirman que Laura Luelmo estuvo a las 17.20 horas del día de su desaparición en el comercio comprando agua, huevos y patatas. Al regresar de la compra, Montoya la estaba esperando, y tras un forcejeo, la introduce «por la fuerza» en su casa.

En la vivienda, Montoya le ata las manos a Laura y le pone una cinta en la boca, y cuando se da la vuelta, la joven le da una «patada en el costado». Tras esa patada que le «duele», «es cuando se cabrea y la golpea contra el suelo. Se asusta y se la lleva al campo», ha explicado el coronel jefe de la Comandancia.

Los investigadores consideran que la joven no permaneció mucho tiempo en la vivienda de Montoya, y ni llegó a pasar la noche allí, pues «un vecino ve el coche del asesino confeso con el maletero abierto aproximadamente a las 18.20 horas». Es probable que fuera entonces cuando metió a la chica envuelta en una manta en el vehículo para llevarla al campo, donde la agredió sexualmente, según reconoció el asesino confeso.

También sospechan que, dada la posición de las piernas y el cuerpo, Laura «no tuvo sufrimiento» en el lugar en el que apareció su cadáver, por lo que pudo estar inconsciente cuando la dejó allí su agresor.

También ha reconocido que Bernardo Montoya fue considerado desde el principio el «sospechoso con mayúsculas» de la desaparición de Laura Luelmo, antes de que apareciera su cadáver, por sus antecedentes delictivos y porque era su vecino.

Los investigadores han explicado que el día después de recibir la denuncia de la desaparición de la joven -dos días después de que se la viera por última vez con vida-, Montoya fue inmediatamente identificado por los agentes, que le interrogaron y le preguntaron por la joven.

Y aunque en ese primer interrogatorio, él dijo que no había visto nunca a Laura ni sabía que vivía justo enfrente de su casa, le sometieron a una estrecha vigilancia al conocer su historial.

Según los investigadores, Montoya ya no volvió a entrar en su propia vivienda, sino que pasó los siguientes días hasta su detención, con su familia en Cortegana y en otros lugares de la provincia de Huelva.

También han explicado que no lo detuvieron hasta el día después de aparecer el cadáver, porque hasta ese momento solo tenían indicios que le apuntaban como sospechoso de una desaparición, y no de una muerte, y que le arrestaron cuando detectaron que podría escapar, tras hallar «restos biológicos» de la joven en su casa.

«Vemos que va de Huelva a El Campillo, pero antes de llegar, se mete por un camino, para el coche y se adentra en el campo. Ante la posibilidad de que no sabemos hacia dónde va, el equipo de seguimiento lo detiene. Al mismo tiempo, se estaba haciendo un registro en su casa y se obtienen algunos restos biológicos de Laura. Eso motiva su detención», han explicado Fustel.

Según los investigadores, Montoya es «un asesino bastante desorganizado que no piensa en sus actuaciones, ni en los rastros que pueda dejar» y que tiene un «alto grado de impulsividad».