Javier Collado

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Un equipo internacional de científicos alerta de la necesidad de crear áreas protegidas para el salmón atlántico (‘Salmo salmo’) con el objetivo de preservar sus poblaciones ante el aumento de la temperatura del agua que provoca el cambio climático.

En la investigación, que se publica en el ‘Journal of Fish Biology’, han colaborado equipos de la Universidad de Exeter (Reino Unido), la Universidad de Konstanz (Alemania), la Universidad de Oviedo y del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

El salmón es una especie con un rango de distribución muy amplio cuya estructura genética está fuertemente influida por su vida anádroma (viven en el mar pero remontan los ríos para reproducirse) y por el instinto que les hace regresar a su hábitat natal. Existen, además, indicios significativos que apuntan a la temperatura de la superficie del mar como un factor fundamental que condiciona su variabilidad genética.

Las poblaciones de salmón atlántico del sur de Europa parecen críticamente en peligro por su reducida variedad genética y por vivir en las aguas más cálidas que esta especie tolera. Por ello, según explica el investigador del MNCN-CSIC, José Luis Horreo, «es necesario un cuidadoso y coordinado control de las diferentes poblaciones para que la especie mantenga sus números y diversidad en Europa».

«Según los datos que manejamos, lo más previsible será que la distribución de la especie se reduzca a las áreas que ocupa al norte. Por eso, estas zonas deberían ser reconocidas como refugios y recibir la protección y el estatus apropiados», continúa.

El salmón del Atlántico es una especie distribuida por Norte América, Islandia, Europa atlántica y Rusia noroccidental, con un rango de tolerancia de temperatura que va de 0ºC a 33ºC. El margen de tolerancia y su extensa distribución geográfica hacen de él un valioso modelo para comprobar los efectos que los cambios de temperatura tienen en la variabilidad genética de las distintas poblaciones.