Javier Collado

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El Papa Francisco ha afirmado que es posible vender bienes de la Iglesia o hasta templos que hayan quedado inutilizados ‘en caso de necesidad’ de los pobres, aunque ha señalado que esa no debe ser la primera o única solución. Esta declaración surge en una conferencia sobre el apartado ‘¿Dios ya no vive aquí? Venta de los lugares de culto y gestión integrada de los bienes culturales eclesiásticos’, celebrada en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

El pontífice, en primer lugar, ha defendido la necesidad de conservar los bienes de la Iglesia, pues son testimonios de la fe de las comunidades que los produjeron durante siglos y, por esto, son a su modo instrumentos de evangelización. En este sentido ha señalado que estos bienes culturales podrían ser conservados aunque no sean utilizados en la vida cotidiana, por ejemplo mediante su exposición museística.

El papa ha recordado que muchas iglesias, hasta hace pocos años necesarias, ahora ya no lo son por falta de fieles o de clero o por una diferente distribución de la población en las ciudades o zonas rurales. A este respecto ha dicho que la Iglesia no debe acoger con ansia este fenómeno sino como un signo de los tiempos que nos invita a una reflexión y nos impone una adaptación.

Ante esta cuestión el papa ha defendido que las decisiones competen a los obispos y les recomendó que estas sean fruto de una reflexión coral en el seno de la comunidad cristiana y en diálogo con la comunidad civil. La venta no debe ser la primera y la única solución en la que pensar, ni llevarla a cabo nunca para escándalo de los fieles. Si fuera necesaria, debería ser incluida con tiempo en la programación ordinaria pastoral, precedida de una información adecuada y compartida.