Javier Collado

Dobuss

El Imserso, las 17 comunidades autónomas, el Consejo General de Colegios de Logopedas y la Fundación Española de la Tartamudez (TTM) están ultimando la creación de una Estrategia Nacional de Tartamudez para atender las necesidades de las 600.000-700.000 personas estimadas que sufren esta dificultad en España.

Así lo ha señalado en una entrevista con Europa Press el presidente de la Fundación TTM, Adolfo Sánchez, que está participando personalmente en este grupo de trabajo constituido hace ya seis meses, que trabaja en un borrador con varias medidas sociosanitarias, y que hasta la fecha ya se ha reunido en cinco ocasiones.

La siguiente será el próximo miércoles 24 de octubre, apenas 48 horas después del Día Internacional de la Tartamudez, en la que intentarán «sacar adelante de una vez» esta Estrategia, que fue puesta en marcha el pasado 1 de marzo, con un plazo de implantación fijado de seis meses, por el Consejo Territorial de Servicios Sociales y del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia.

Las propuestas de la Fundación TTM implican hacer la tartamudez una asignatura obligatoria en las carreras de Logopedia y Pediatría o enseñar a los profesores a evitar el acoso escolar que los niños tartamudos sufren en las escuelas por parte de sus compañeros.

La tartamudez se inicia en la infancia. Por lo general, comienza a presentarse entre los 2 y 5 años. Se da más en hombres que en mujeres, en una proporción de 4 a 1. Es involuntaria y cíclica, aparece y desaparece por períodos de tiempo variables. No lleva aparejada ninguna otra clase de deficiencia ni anormalidad, solamente la necesidad de emplear un poco más de tiempo en la exposición del mensaje. Aún no se sabe a ciencia cierta cuáles son sus causas, pero algunos estudios sugieren que puede ser una combinación de factores fisiológicos, psicológicos, sociales y biológicos.

«En 500.000 hogares españoles hay al menos una persona que tartamudea. La cifra, por tanto, oscila entre las 600 y 700 mil personas en toda España», detalla Adolfo Sánchez, quien lamenta la marginación que hoy en día sufre el colectivo.

En este sentido, cuenta que en el aspecto laboral la marginación era «total» hasta hace no mucho. «Hasta el año 2005, el primero que nos marginaba era el propio Estado: las personas con tartamudez no podían ser empleados públicos en pleno siglo XXI», cuenta el dirigente de la Fundación, que narra a continuación cómo se solucionó esta situación: «Comparecimos un miércoles en el Parlamento Europeo para denunciar cómo nos discriminaba el Gobierno de España. El jueves nos reunimos con el presidente Zapatero y el viernes se aprobó en el Consejo de Ministros la anulación de la tartamudez como causa de exclusión».