Javier Collado

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Alvaro Sánchez. El Cuarteto Ardeo, una de las formaciones camerísticas francesas más prestigiosas a nivel internacional, ofrecerá el concierto titulado Ravel o la herencia debussiana mañana jueves, a las 20.30, en la Sala Orive, dentro del Ciclo de Música de Cámara en Homenaje a Claude Debussy, que organiza la Delegación de Cultura del Ayuntamiento con ocasión del centenario del fallecimiento del compositor francés. El Cuarteto Ardeo, que forman Carole Petitdemange y Mi-sa Yang, violines; Yuko Hara, viola; y Joëlle Martínez, violonchelo, interpretará, en la primera parte, el Cuarteto Op. 90 n° 2, de Antoine Reicha, y el Cuarteto Op. 135, de Ludwig van Beethoven; y en la segunda, el Cuarteto de cuerda en Fa mayor, de Maurice Ravel. La entrada es libre hasta completar el aforo.

Cuarteto Ardeo

Si Ardeo –en latín: ardo (quemo)– es el nombre de este cuarteto, es también el lema con el que las cuatro jóvenes que lo integran abordan sus repertorios; el éxito les da la razón. Formado en 2001, en el seno del Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse de París, el Cuarteto Ardeo describe una trayectoria fulgurante gracias a los premios obtenidos en los concursos internacionales de Bordeaux, Moscú, Bologna y Melbourne. Su presencia en los principales escenarios y festivales europeos, así como sus trabajos discográficos para Transart Live, Decca, Empreinte Digitale o IBS Classical, las sitúan como una de las formaciones camerísticas francesas más prestigiosas y un referente ineludible a nivel mundial.

Notas al programa

El programa de su concierto de mañana incorpora, tras una primera pieza del autor francés Antoine Reicha, rescadata por Ardeo, la última gran obra de Beethoven; su Op. 135 es un adelanto a su época, quasi expresionismo existencialista, que, formal y técnicamente, supone, como más adelante realizara Debussy, un cambio de paradigma en la composición de cuartetos para cuerda. La obra recibe el sobrenombre de “La difícil decisión”, por mor del título del último movimiento: título del último movimiento, que comienza con una lenta y sombría introducción que llevan la anotación «Muß es sein?» (¿Debe ser?), a los que se le responde con el más veloz y alegre tema principal «Es muß sein!» (¡Debe ser!).

A continuación se escuchará la obra del aún joven Ravel que, con 28 años, tomó como referencia el cuarteto que escribió Debussy una década antes.

En él aparece perfectamente definido el estilo del compositor, con su “precisión de relojero” y sus sonoridades típicamente reconocibles.

Marcel Marnat comenta que “[…] Por su firmeza resuelta y por su luminosidad adolescente, el Cuarteto de Ravel se nos ofrece como uno de los gérmenes de esta revolución inexorable de lo vago al geometrismo, excluyendo, no obstante, esa angulosidad glacial tan característica del arte de 1925. Y este cuidado por ser fluido pero no enrevesado, por ser estable sin ser brutal ni simplista, es el signo de todo un nuevo giro de la vida”.

(‘Maurice Ravel’, 1986).

El propio compositor dijo de su obra: “Mi Cuarteto en Fa Mayor responde a un deseo de construcción musical que indudablemente está realizado inadecuadamente, pero que emerge mucho más claramente que en mis composiciones precedentes”.

Claude Debussy (1862-1918)

El ciclo organizado por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento orbita sobre la figura y personaje de Claude Debussy (en el año conmemorativo del centenario de su fallecimiento), una personalidad de muy especiales particularidades que, sin un origen social proclive a ello, se convirtió en uno de los pilares de la cultura y sociedad europea de todos los tiempos gracias a su innovación y renovación del lenguaje musical de la época y de cómo lo vinculó a las Artes Plásticas y Escénicas, de un modo tan íntimo y fluido, que definió un nuevo paradigma estético en el que aún hoy nos movemos. Su vida se desarrolla en el momento de mayor ebullición de la bohemia parisina de entre siglos, siendo génesis copartícipe o factor de desarrollo de la mayor parte de los estilos de expresión artística de la época, como el modernismo, el simbolismo o el impresionismo .

Su gran aportación es, por ende, no sólo la neta musical, sino cómo su filosofía estética, su mirada crítica al mundo, su modernidad y capacidad de visualizar el mundo venidero (como le ocurriera a otras grandes coetáneos como Verne, Picasso, Stravinsky o Diaguilev…) le sitúa en la construcción de nuestro mundo actual, de nuestra imaginaria colectiva y de los símbolos que la definen. Su mundo fue exquisito, esperanzador y, al mismo tiempo, cruel; de esos tiempos, de su relevancia y cómo marcaron los siguientes, pretende hacer el ciclo una reflexión. En muy pocos años se pasó del futurismo optimista de la Exposición Universal de París, emblema e icono de la idealización de modernidad y progreso, a la devastación de la Primera Guerra Mundial. Debussy fue testigo, catalizador y activo pensador en esa aparente, estocástica sucesión de hechos que, vertiginosamente hizo al mundo asomarse tanto a su esplendor como a su propio abismo. Su música, la que recreamos en el ciclo, es narrativa y lucha artística de ello, así como la de algunos de sus más destacadas fuentes, compañeros creadores o discípulos.

En el ciclo se abordan sentimientos muy intensos que van desde la visión de la guerra (con motivo de conmemorar, al tiempo, el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial que coincide con el fallecimiento del autor), las reivindicaciones artísticas del momento o, en curiosidad, la relación estrecha entre su obra con la industria cinematográfica y audiovisual, a la que se le dedicará un concierto monográfico en la clausura del ciclo.

En síntesis, el ciclo es un viaje al pasado que, casi en reminiscencia steampunk, nos descubre nuestro momento actual. Un reflejo a ese mundo imaginario de Saint de Exupery que todos llevamos dentro.