Aceite de Oliva.

Javier Collado

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María Morales. Los alimentos ricos en grasas insaturadas, como por ejemplo el aceite de oliva, pueden proteger contra las enfermedades cardiovasculares. Así lo indica un estudio llevado a cabo por investigadores del Keenan Research Center for Biomedical Science (KRCBS) del St. Michael’s Hospital (Estados Unidos) y que ha sido publicado en la revista ‘Nature Communications’.

En concreto, la apolipoproteína A-IV, conocida como ApoA-IV, es una proteína plasmática, y sus niveles aumentan después de la digestión de los alimentos, especialmente aquellos ricos en grasas insaturadas, como el aceite de oliva. Se ha informado que niveles más altos de ApoA-IV en la sangre se asocian con tasas más bajas de enfermedad cardiovascular.

Además, los expertos han demostrado que la ApoA-IV es un factor inhibidor de las plaquetas, pequeñas células sanguíneas que desempeñan un papel clave en múltiples enfermedades, particularmente en sangrado y enfermedades cardiovasculares .

Estos nuevos hallazgos sugieren que la ApoA-IV es un bloqueador de glicoproteínas de superficie de las plaquetas GPIIbIIIa, también denominada integrina aIIb3, las cuales son un receptor de plaquetas necesario para que éstas se agrupen en la sangre, la llamada agregación plaquetaria. Esta agregación plaquetaria puede causar oclusión del vaso sanguíneo que bloquea el flujo sanguíneo y conduce a la trombosis, que es la causa más común de mortalidad y morbilidad en todo el mundo.

«La agregación de plaquetas puede salvar vidas, ya que puede detener el sangrado en los vasos dañados. Pero generalmente no queremos que las plaquetas bloqueen el flujo sanguíneo en los vasos, porque provoca una trombosis y, si la oclusión del vaso ocurre en el corazón o el cerebro, puede causar un ataque al corazón, un accidente cerebrovascular o la muerte», ha explicado el director principal del estudio, Heyu Ni.

Para que una plaqueta se una a otra, la integrina del receptor de plaquetas aIIb3 primero se une al fibrinógeno, una proteína abundante que une a las plaquetas en la sangre, mientras que las moléculas de fibrinógeno se unen a otra integrina aIIb3 en una segunda plaqueta. Así, el fibrinógeno, y probablemente también otras proteínas, permiten que muchas plaquetas se unan, lo que lleva a la agregación plaquetaria.