Javier Collado

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CBN. En la tarde noche de este jueves 6 de septiembre tuvo lugar el Pregón de la Velá de la Fuensanta protagonizado en esta ocasión por Rosa Galisteo.

El Pregón se celebró con brillantez, y Rosa Galisteo puso su corazón en tan honorable tarea.

Previamente, la alcaldesa de Córdoba Isabel Ambrosio, hizo la introduccion oficial al inicio de las fiestas de Septiembre de Córdoba y a la pregonera de esta edición

«Septiembre en Córdoba es sinónimo de Velá de la Fuensanta, de fiesta, de barrio tradicional y de cariño, de mucho cariño, que es el que sienten las cordobesas y cordobesas por estos días. Dirigirme a vosotros en esta Velá de la Fuensanta y hacerlo para presentar a una pregonera irrepetible, como es el caso de Rosa Galisteo, es sin duda una de las grandes compensaciones que tiene ser alcaldesa de esta maravillosa ciudad», manifestó Isabel Ambrosio.

«Seguro que para muchos de vosotros se agolpan en estos momentos los recuerdos de años atrás, cuando siendo niños esperábamos con ansias estas fiestas. Las campanitas de barro, descubrir el caimán. Los tiempos han cambiado, ya no salimos al correo a esperar a los familiares y amigos que nos acompañaban esos días, pero seguro que para muchas y muchos de vosotros, estas siguen siendo fechas e encuentro».

También la alcaldesa quiso recordar a los que regresan en estas fechas para reencontrarse en los espacios vividos en épocas anteriores:

«Gracias a esta Velá, quienes aquí vivís y trabajáis todo el año, experimentáis que, por unos días, el barrio se ilumina y, en cierto modo, se rehace. Y que muchos de quienes un día tuvieron que marcharse, ahora vuelven y aquí encuentran sus raíces intactas, las caras amigas, los olores familiares, los sabores que evocan toda una vida. La fiesta se convierte así en un espacio para el encuentro, para el rejuvenecimiento, para la nostalgia y, sobre todo, para las ilusiones que cada año se renuevan».

A continuación presentó a Rosa Galisteo, de quien destacó  que «aunque nacida en Baena, Rosa Galisteo Luque, fijó hace más de treinta años su residencia en Córdoba. En la capital realizó sus estudios en el Centro de Educación Permanente de Adultos Fuensanta. Para mantener un vínculo activo con la educación, una vez finalizados sus estudios, entró a formar parte de la Asociación Cultural Plaza de la Juventud, creada por antiguos alumnos y profesores del centro, un hecho fundamental para su compromiso en el futuro con el movimiento asociativo y vecinal».

«En 2006 se crea la Asociación Cultural Mucho Cuento, siendo elegida presidenta hasta la actualidad. En esta asociación, junto con el resto de compañeros, se interesa por el fomento del género breve de la literatura, a través de todo tipo de actividades culturales con presencia en la ciudad y alcance en el resto de la nación. Ejemplo de ello es el libro Enfermedades Raras, Vidas Truncadas del 2015, en el que la asociación Mucho Cuento colabora con la Red de Madres y Padres Solidarios. Dicho proyecto tiene el objetivo de la divulgación, información y denuncia de la problemática de las enfermedades raras. Fruto de su labor, su faceta como escritora se ve desarrollada. Ha publicado numerosos cuentos en diversas antologías y poemas en revistas literarias».

Tuvo un recuerdo también para los padres de Rosa Galisteo:

«Sus padres están muy orgullosos de que ella sea la pregonera de la Velá. Debido a su avanzada edad, no han podido viajar desde Baena ese día, aunque estoy segura que en cuanto le sea posible irá a visitarlos para mostrarles imágenes de esa noche. Aunque no fue a la escuela, aprendió a leer y a escribir gracias a su abuelo, con el que se crió. No obstante, de pequeña tenía que leer a escondidas porque, en aquella época, no era normal que una niña perdiera el tiempo con esas cosas. Ahora, no lo hace a escondidas, pero le encanta escribir y leer de noche, cuando está sola en casa y encuentra un momento de intimidad. El mismo método, diferentes motivos. Consolidó su afición a la lectura consolidó viendo a un pastor en el cortijo en el que vivía, que todas las noches leía junto a su rebaño, como hiciera el gran Miguel Hernández cuando pastoreaba el suyo en Orihuela», indicó Isabel Ambrosio.

«Rosa disfruta viendo crecer a sus nietas en el mismo barrio en el que lo han hecho sus hijos. Le encanta viajar con su familia y visitar todo lo que puede a sus padres en Baena».

Su pregón será un «pequeño homenaje a los vecinos del barrio, a la educación de adultos, al barrio de la Fuensanta y a su movimiento asociativo». Vecina de la Fuensanta desde hace más de 30 años, considera «un honor» el ser ella la pregonera de este año».

«Nuestra pregonera ha sido un eslabón más, pero imprescindible, en la larga cadena de mujeres luchadoras. Un abrazo siempre abierto para cualquiera dispuesto a sumar energías. Espero que su testigo llegue a las manos de quienes ahora deberían entender que las conquistas en materia de derechos nunca son irreversibles. Un testigo que huele a generosidad, a barrio y a primavera. Una mujer que si no existiera habría que inventarla. Una mujer grande de la que deberíamos aprender de una vez por todas que sin las mujeres, que son la mitad, nuestra sociedad se pierde cosas maravillosas».

Reproducimos a continuación para los que no tuvieron ocasión de asistir, el Pregón de la Velá de la Fuensanta de Rosa Galisteo:

VENERABLES

El sol, a esas alturas del año, caía con fuerza sobre las calles. Su inercia no suponía ningún freno para preparar de nuevo la fiesta. Las paredes de la plaza encaladas. Los puestos repletos de recuerdos que se cargarían de significado. El sonido de las atracciones y el pellizco en el estómago midiendo cada posible viaje en ellos. Y todo el mundo acercándose a los puntos de encuentro para contarse la vida, que es una de las mejores formas de asegurar que seguimos compartiendo caminos.

Aunque para mí, en realidad, era el momento de celebrar otra cosa: la vuelta de mi padre después de estar más de cuarenta días fuera de casa, en la siega. Cuarenta días lejos de nosotros. El vestido y los zapatos nuevos ocupaban un lugar secundario. Lo importante, recordando los versos de Manuel Moya al final de su poema “No los hombres”, después de nombrar a dioses y héroes lejanos, era ver a mi padre entrando solo en la ciudad, herido y sin escudo, deslumbrante.

Estamos en Baena, mi pueblo, a principios de un agosto cualquiera de los 60, en la fiesta del Jubileo, junto a la Plaza Vieja.

Mucho tiempo después, ya instalada en Córdoba, con 28 años, y extrañando cada día la vida en Baena, otra fiesta vino a recordarme aquellos momentos felices de la infancia. Aquí, en la Plaza del Pocito, escuchando el sonido de las campanitas y el rumor festivo de todos los vecinos y vecinas del barrio de la Fuensanta, tan parecido al de aquel Jubileo.

Gente del barrio y gente que viene de fuera, y que ya pertenece a él desde el primer momento.

Como verán, y como ya mencionara el año pasado el profesor Antonio Manuel en este mismo lugar, yo vengo a aumentar la lista de pregoneros que son de pueblo.

Esa misma condición la fui descubriendo en otras muchas personas: Manoli, la del Choco, que vino de Villanueva de Córdoba; Jacobo, el frutero, que llegó desde La Carlota;  o Justi, que es de Zuheros.

Personas estupendas y valiosas, como Pepe Cañete, mi paisano, al que tuve la fortuna de encontrar como maestro en el Centro de Adultos Fuensanta, al que fui para realizar mis estudios.

Soy una de esas mujeres que no pudo estudiar de pequeña. En aquel centro, a principios de los 90, di con muchas otras en una situación parecida. Durante todo el tiempo en el que asistimos a clase, en el antiguo IBAD junto a la Plaza de la Juventud, fuimos creando un vínculo que nos permitió llevar nuestra formación más allá de las aulas.    Fue así como nació la Asociación Cultural Plaza de la Juventud. Con talleres y actividades que las alumnas iban demandando, como el taller de encuadernación, el taller de teatro, el de escritura creativa o el de pintura. Hablando de pintura: cómo olvidar aquella tarde en la que Pepe Cañete nos trajo a esta plaza para pintar a carboncillo la fachada del Santuario, sentadas justo ahí, calculando cada milímetro de ella.

Gracias al taller de patrimonio, pudimos visitar y conocer en profundidad todo lo que nuestra ciudad ofrece. Y también viajamos por toda Andalucía y algunos rincones de España.

Así hubo quien pudo, al fin, conocer el mar, o ver por primera vez una ópera con lágrimas en los ojos, como las de María con aquel Rigoletto en el Gran Teatro.

No me faltan motivos para sentirme identificada y agradecida por todo lo que este barrio lleva ofreciéndome desde que lo conozco. Por recibir en él, justo al lado de mi casa, una educación que debería haber obtenido siendo mucho más joven.

Entiendo la Educación Permanente como una forma de desarrollo personal, de actualizar conocimientos y de relacionarse. La educación es la base del progreso, como ya dijera María Moliner, añadiendo que leer es incluso un derecho espiritual, y que, por tanto, cualquier ciudadano en cualquier lugar del mundo debería tener a mano el libro que deseara leer.

Porque para llegar hoy aquí, sólo necesité una cosa: educación.

Y a maestras como Tati Saiz o Paqui Domínguez. Y a maestros como Mariano Valverde, Paco Santiago, Julián Cañizares o Javi Habas.

La Velá de la Fuensanta fue desde el principio un motivo de celebración doble.    Por evocar de nuevo mi infancia desde la fiesta que hoy nos reúne, hecha al mismo tiempo de tradición, de leyendas que nos rodean y de sonidos. Pero también por ser el primer reencuentro con las compañeras de clase después de las vacaciones de verano.

Reivindico esta fiesta como un momento estelar del barrio. Lo hago en primera persona, pero como todas las veces que esta noche sea así, la primera persona tiene la fuerza de todas mis compañeras de estudios.

Ahora, también mencionaré otros hechos estelares que tiene La Fuensanta y que tiene Córdoba.

Las Estrellas Michelín de Kisko García y Paco Morales rodeadas del buen hacer de tantos restaurantes y tabernas.

La gente que cada día se levanta para ir a trabajar, y quien lo hace para ir a buscar trabajo.

El de aquellas mujeres que mantienen vivo el recuerdo sentadas al fresco en la puerta de su casa.

Los jóvenes, fundamentales siempre. Y este año, por ejemplo, mostrando su talento en La Velá, defendiendo la libertad de expresión de raperos y tuiteros. Jóvenes en movimiento, como nos recuerda la fachada de la Casa de la Juventud.

Las asociaciones y el movimiento vecinal, que han ayudado a asentar la democracia a lo largo de estos años, impulsando el cambio desde lo cercano, desde las necesidades más inmediatas. De la importancia de las mujeres, que contribuyeron a que la temática cultural pasara a tener relevancia.

La Asociación de Vecinos de San José Obrero con la Cruz de Mayo, el trabajo de todo un año y la recompensa de tantos premios conseguidos.

La Asociación de Mujeres Al Alba por su implicación feminista en la organización de numerosas actividades.

Y por supuesto, la Asociación Vecinal Santuario, con la vista siempre puesta en mejorar la vida en el barrio.

Son muchos y es imposible nombrar todo su esfuerzo a lo largo del año. Por eso, me referiré brevemente a lo que me dio identidad como vecina: la Asociación Cultural Plaza de la Juventud.

Hace casi treinta años nació para completar la formación académica que se recibía en el Centro de Adultos. Hoy, todavía sigue activa con el taller de creación literaria y el grupo de teatro La Plaza. En el caso del grupo de teatro, con Domingo Torres, su primer director, llegando hasta Ana Vega que desde hace mucho tiempo está al frente de la compañía. Su esmero y sacrificio para sacar adelante la representación de sus obras merecería un constante aplauso. El reconocimiento les ha llegado en forma de premio en varias ocasiones: al mejor montaje, a su permanencia en los escenarios, o a la mejor directora (la mencionada Ana Vega). Para mí, tienen otro premio que representa, de la mejor forma, la naturaleza de este tipo de asociaciones que crean una forma de relación ciudadana muy especial. Y es el hecho de estar siempre ahí cuando hay una actividad cultural paralela. Nutriéndose mutuamente para seguir creciendo. Como cuando una asociación con taller de fotografía acude a algún estreno y realiza un reportaje de forma desinteresada. O cuando otra, con un taller de costura solidaria, elabora el vestuario de la compañía. Y cómo no, el mismo grupo de teatro, cuando acude a una presentación literaria e interpreta las lecturas de los cuentos.

La Plaza, estoy segura, seguirá actuando durante muchos años; llevando a los clásicos, a Cervantes, a Lope de Rueda, Lorca, Alberti y a los autores contemporáneos a los escenarios.

Fue precisamente leyendo la poesía de Lorca, de Alberti y del resto de la Generación del 27, en las clases del Centro de Adultos, cuando nació la idea de crear un taller de escritura. En poco tiempo, el Taller de creación literaria Plaza de la Juventud se puso en marcha en el barrio. Al frente del mismo, dirigiendo las clases, estaba Antonio Luis Ginés, escritor con gran experiencia en este tipo de cursos, y que estuvo presente en aquellos talleres pioneros en la ciudad, que dirigiera Pedro Roso, vecino del barrio, en el Aula de Poesía de la Posada del Potro.

Por el taller de creación literaria han pasado muchas personas que han visto desarrollada su capacidad creativa a través de la escritura, en un ambiente en el que era frecuente contar con la presencia y maestría de autores locales que tenían, y siguen teniendo, un nombre propio en el panorama literario nacional, como es el caso de Vicente Luis Mora o Javier Fernández.

Y haciéndose un nombre, alumnos y alumnas como Julio Velasco, Cecilia Silveira, Salvador Blanco o Cristina Rentería Garita, que ya cuentan con obra publicada.

Con Antonio Luis Ginés, viendo el interés que había en aquellas clases por el cuento y el relato corto, surgió una idea más: crear otra asociación dedicada a fomentar ese género literario. Mucho Cuento nació de esta manera. Desde su creación, ha organizado actividades dentro y fuera del barrio. Encuentros con autores, lecturas públicas y talleres de escritura. Quizás, una de las más entrañables fue la que se denominó “Leemos a domicilio”: con las manos llenas de libros, íbamos con nuestra lectura a residencias de ancianos, centros de día, domicilios particulares y al Centro de Adultos: una humilde forma de devolver un poquito de lo que allí había recibido. Por destacar a algunos autores que se leyeron, nombraré a dos cordobeses: Francisco Antonio Carrasco y su libro La maldición de Madame Bovary, y a Matilde Cabello con El libro de las parturientas. No podría explicar la satisfacción que daba ver a tantas personas escuchando lo que sus ojos ya no les permitían leer.

No se me ocurre mejor forma de estar presente esta noche en la Velá de la Fuensanta que la de haber ofrecido parte de lo que soy, sin escudos. No es el resultado de un camino individual. Vuelvo a recordar el plural de todas las personas que me acompañan en este escenario, porque soy una mujer que se complementa con lo que le rodea: con la atención del camarero cuando sirve un café; con las bromas que el tendero les hace a mis nietas cuando pasamos por su puerta; con todos a los que he saludado esta tarde antes de llegar a la Plaza del Pocito. Precisamente, esto último es algo que me recuerda de nuevo a Baena, a esa costumbre tan sana de saludar al vecino.

Os animo a seguir buscando, desde el respeto, puntos de encuentro con la Velá de la Fuensanta, y a compartir su diversidad a partir de esta noche.

Hoy el sol ha sido menos duro con las calles. Por si acaso, los árboles de la avenida siguen vigilando su presencia estos días. Centenares de campanitas pasean su sonido por estas calles. Los más pequeños disfrutan de las atracciones. La Velá está preparada para arrancar.

Hace un rato, mientras me preparaba para venir, comencé a pensar en Mariana y Antonio, que desde hace muchos años ayudan al pueblo saharaui. En la alegría y las ganas de vivir de Mari Justa, en su ilusión por contarlo cuando escribe. En la fortaleza de Victoria y Antonio, que tanto han demostrado. En mi paisana Juana Povedano, Patrimonio Humano de Córdoba. En la sabiduría de mis maestros, que me han hecho crecer como persona. Y en quienes he visto entrando en la Velá, como hiciera mi padre en aquellos veranos cuando volvía de trabajar en el campo.

Vecinos, todos venerables.