Javier Collado

Dobuss

CBN. Un año después de los atentados de Cataluña, que dejaron 16 muertos, Barcelona rinde homenaje este viernes a las víctimas, pero estando latente la reivindicación independentista de determinados grupos políticos y colectivos.

Los allegados de las víctimas habían pedido una «tregua» esta jornada, pero una pancarta contra la presencia del rey de España fue desplegada en la fachada de un edificio en la plaza de Cataluña, donde se realizará a las 10H30 (08H30 GMT) la ceremonia a un año de los ataques, con presencia de las principales autoridades del país.

«El rey de España no es bienvenido en los países catalanes», dice la pancarta escrita en inglés, junto a un retrato de Felipe VI con la cabeza hacia abajo.

Felipe VI, que ofreció un firme discurso contra los dirigentes independentistas en medio de la crisis por la intentona secesionista en la región en octubre pasado, fue abucheado durante una manifestación posterior a los atentados.

Para evitar estar junto al rey, asociaciones independentistas convocaron este viernes homenajes alternativos a las víctimas de los atentados.

«La unidad de toda la sociedad española nos hace fuertes contra el terror y la barbarie», escribió este viernes en Twitter el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, quien participará en el homenaje en la capital catalana.

«Este #17A y siempre, estaremos en Barcelona junto a las víctimas, solidarios con su dolor, unidos en el recuerdo», agregó Sánchez.

«No hemos renunciado a nuestros valores y convicciones, que un año después son más fuertes que nunca. Somos y seremos una ciudad de paz, una ciudad valiente que hace frente al terror con el amor», aseguró en la víspera la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, con los ojos lagrimosos al enumerar a los fallecidos.

El doble atentado de Barcelona y Cambrils, que dejó en total 16 muertos y más de 100 heridos, consternó a la sociedad española, pero quedó eclipsado poco después por las tensiones políticas por el intento fallido de independencia de Cataluña.

Antes del homenaje, familiares de las víctimas hicieron una ofrenda floral en el mosaico del artista catalán Joan Miró en el centro de la Rambla, donde terminó el mortífero recorrido de la furgoneta blanca conducida por Younes Abouyaaqoub.

Alrededor de las 16H30 locales del 17 de agosto de 2017, ese joven entró en la Rambla con su furgoneta y se abalanzó a gran velocidad contra la multitud, haciendo eses para atrapar al mayor número de personas posible.

Catorce personas murieron, entre ellas un australiano de 7 años y un español de 3, y más de cien resultaron heridas. Cuatro días más tarde sería abatido por la policía en una zona vinícola al sur de Barcelona.

En su huida mató a un joven para robarle el coche y, pocas horas después, cinco cómplices sumaban una víctima mortal en un atentado en la villa costera de Cambrils (120 km al suroeste), en el que atropellaron y acuchillaron a varios transeúntes.

«No recuerdo nada del agresor, solamente vi que me apuñaló. Me dejó el cuchillo atrapado en la cara, me entró 15 centímetros […] Pensaba que me moría», rememora Rubén Guiñazu, un argentino de 55 años que veraneaba en Cambrils.

Los recuerdos afloran con el aniversario, así cómo los detalles de la investigación policial de este doble atentado reivindicado por la organización yihadista Estado Islámico (EI).

Hasta el momento, los investigadores no hallaron conexiones internacionales de esta célula nacida en Ripoll, un pueblo montañoso al norte de Barcelona, donde un imán sedujo a una decena de jóvenes de origen marroquí, aparentemente bien integrados, para unirse a la yihad.

En una casa abandonada a 200 km de la capital catalana prepararon explosivos de gran calibre con la basílica de la Sagrada Familia, el estadio del FC Barcelona o incluso la Torre Eiffel de París como posibles objetivos, según los investigadores.

Pero la detonación accidental de los artefactos que preparaban, el 16 de agosto, los forzó a improvisar unos atropellos múltiples como los sufridos anteriormente por Niza (Francia), Londres o Berlín.