Javier Collado

Dobuss

Carmen Álvarez Rodríguez tiene 16 años y síndrome de Down. Despierta, sonriente y con buen gusto ha sido capaz de abrir camino hacia el emprendimiento al crear, con el respaldo de su familia, su propia marca de bisutería: Carmelamola.

«Carmelamola es un proyecto de pulseras y colgantes. Me encanta y le dedico tiempo los sábados y los domingos», comenta Carmen en declaraciones  en el estudio que emplea en su casa en A Coruña, para un trabajo de moda que ya tiene pedidos de toda España e, incluso, de otros países como Suiza, a pesar de que tiene apenas dos meses de vida.

Su padre, Manuel, que preside Down Coruña y es miembro de la junta directiva de Down España, explica que las personas que tienen síndrome de Down «no tienen la misma psicomotricidad que el resto y necesitan desarrollarla», para lo que hay «mil técnicas» que ayudan a tareas que pueden parecer tan básicas como abotonarse.

Carmen fue invitada al salón de moda Ecomfashion hace pocas semanas y allí triunfó: «Al público le gustaron los modelos que estaban expuestos sin saber que los hacía ella. Si la gente los compra, es porque gustan. Lo que hace, mola, y mola más por todo lo que tiene detrás», continúa su padre.

Carmelamola cuenta con todo el apoyo familiar, pues además del trabajo de su madre en el diseño, su padre se ocupa de las redes sociales y su hermana pequeña, Sara, de 14 años, preparó la página web donde están los productos a la venta, bajo el símbolo de tres letras X rojas, en referencia al cromosoma extra que tienen las personas con síndrome de Down.

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