Javier Collado

Dobuss

María Morales. David Godall es el científico, el más longevo de Australia y, tal vez, del mundo, asegura que ha vivido demasiado. En declaraciones a Australian Broadcasting Corp sostiene: «No soy feliz. Quiero morir. No es particularmente triste. Lo que es triste es que me impidan hacerlo».

«Lamento profundamente haber alcanzado esta edad. Hubiera preferido ser 20 o 30 años más joven», ha asegurado también David Godall, que ya hizo los preparativos para poder viajar a Suiza en primera clase y terminar con dignidad y que está volando a Europa este mismo miércoles. Godall, nacido en Londres investigador honorario de la Edith Cowan University y perteneciente desde hace dos décadas a la asociación Exit International, que aboga por la legislación de la eutanasia.

Godall intentó suicidarse hace unos dos meses, tras sufrir una caída y acabar en el hospital, de dónde le costó que le dejaran salir, algo que solo logró tras pasar un examen psiquiátrico independiente. Y ahora lo que teme es que se lo impidan, dado que está en un buen estado de salud (jugó al tenis hasta los 90 años y también perteneció a un grupo de teatro amateur) y sin ninguna enfermedad terminal.

Goodall, cuya condición física y su calidad de vida se han deteriorado significativamente, viajará desde Perth -la capital de Australia Occidental- acompañado por un representante de la oenegé Exit International, en favor de la eutanasia.