Javier Collado

Supermercados Piedra

Dobuss


Este Campeonato de Europa de bádminton para Carolina Marín trasciende de lo deportivo. Lo rebasa y se convierte en una cuestión anímica, de sentimiento.Por aquello de jugar en casa, ante tu gente, en un escenario que lleva su nombre. Y buena prueba de ello son sus actuaciones hasta el momento. Gana, porque es la mejor, pero el ansia de ganar ante los suyos le presiona.

Se ha estado viendo en los partidos anteriores, más o menos, con Batomene, Jaquet, Rohde, y se volvió a constatar ante Blichfeldt, que además saltó a la pista sabiendo que tenía muy poco que perder y mucho, mucho, que ganar. Por eso el primer set, como el día anterior, se le resistió. En esta ocasión, incluso, teniendo que sobreponerse a rentas importantes de su oponente.

Ya el primer tramo del set inicial lo cantó todo. Jugar con 5.000 personas apoyándote es un plus -es así- pero se te acumula la responsabilidad sin esas personas son las tuyas. Es posible que, tras el inquietante 4-9 que logró Blichfeldt con un parcial de 0-5, a Carolina no le hubiera importado teletransportarse al Complejo Siri Fort de Nueva Delhi y jugar con Nehwal o Sindhu, igual lo hubiera llevado mejor. Pero esto es lo que hay y Carolina se tuvo que rearmar tras el intervalo (7-11).

Poco a poco, sin prisa, sin pausa, midiendo sus golpes, entonándose, la de Huelva fue cambiando el partido que llegó con un empate a 16 y todo por decidirse. Fue mejor Carolina en ese tramo decisivo -está claro-, hizo lo que debía, puede que se olvidara que jugara en casa, se hizo grande, se hizo Carolina y, con un parcial de 5-0, cerró la manga por 21-16

La historia del segundo set fue parecida a la del segundo set del partido del día anterior. Con los nervios esparcidos por todo el Palacio, Carolina Marín comenzó de manera demoledora. Golpes excelentes, buenas defensas, ante una muy combativo Blichfeldt, que en ese instante poco pudo hacer: 9-2 y partido encauzado.

Pero aún tuvo que remar la de Huelva. Y es que la danesa, que jugó un muy buen partido, se resistió a entregar la cuchara y limó la desventaja al intervalo: 11-7.Claro que la salida de las jugadoras tras el descanso pareció que el partido quedaba solventado, uniéndose buenos golpes de la onubense, y algunos errores no forzados de la danesa. El resultado, 16-9, así lo confirmó. Aunque llegó una nueva reacción de Blichfeldt, que se pegó a la pista y, de vez en cuando, sacó a relucir buenos golpes -una dejada imperial a contrapié entre ellos-, y volvió a forzar lo mejor de Carolina, que también exhibió su muñeca en varias ocasiones para colocar el definitivo 21-16. Ahora en la final Carolina Marín se verá las caras con la rusa Evgeniya Kosetskaya que, en la otra semifinal, superó a la también danesa Line Kjaersfeldt en dos sets, 21-10 y 21-14.

Será un duelo inédito, el último en la carrera de Carolina por ganar el oro en casa.