Javier Collado

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María Morales. China está construyendo un sistema de lluvia artificial de tres veces el tamaño de España. El objetivo es aprovechar las características de la meseta tibetana para provocar lluvias que sofoquen las sequías, de las que depende el futuro del país.

La tecnología consiste en una serie de cámaras de combustión que serán instaladas a lo largo de la meseta montañosa del Tíbet, cuyas características físicas la convierten en un lugar ideal para un proyecto como este. Estas cámaras, en las que se quema combustible sólido, generan yoduro de plata, compuesto químico que participa en la formación de nubes. El impacto de los vientos monzones procedentes del sur de Asia contra las montañas hace que estos compuestos químicos ascienda al cielo para convertirse en nubes.

El proyecto, aún en fase de prueba, supone el primer intento de modificar el clima a gran escala con métodos más científicos que danzas de la lluvia tribales: a través de una red de cámaras de combustión instaladas en la cima de las montañas y que cubrirá un espacio de 1,6 millones de kilómetros cuadrados ─casi la misma extensión que ocupa México─ de la meseta tibetana, considerada la mayor reserva de agua dulce de Asia.