Javier Collado

Dobuss

María Morales. Alana McMullen, de 17 años, comenzó a sentirse mal después de las vacaciones. Pasarían varias semanas antes de que la estudiante de secundaria de Mississippi descubriera que sus síntomas, entre ellos los vómitos y los mareos, eran fruto de algo que ponía su vida en peligro. «Había ido al médico tres o cuatro veces durante ese período de tiempo, y nunca supieron qué pasaba», cuenta Alana a People.

En febrero, cuando se dirigía a jugar un partido de baloncesto, Alana se puso los auriculares y se dio cuenta de que no oía nada en su oído izquierdo. Después de visitar a un audiólogo, luego a un otorrinolaringólogo, a Alana le realizaron una resonancia magnética que mostró que tenía un tumor de 5cm dentro de su cerebro. «Me quedé impactada. Nunca pensé que fuera eso. Simplemente pensé que había perdido la audición», recuerda la joven. Para su hermano mayor, Ethan McMullen, el diagnóstico fue devastador.

«Estaba destrozado. Mi madre vino y habló conmigo. Sabía que si mi madre llegaba, tenía que ser malo», dice Ethan, de 19 años. «Estaba llorando a lágrima viva. Cuando la vi, ella solo tenía una sonrisa en su rostro como si nada hubiera pasado, así que eso me inspiró a ser fuerte en todo esto».

Alana se sometió a una cirugía de nueve horas el pasado 14 de marzo en Le Bonheur Children’s Hospital en Memphis, en Tennessee, que eliminó alrededor del 90% del tumor. La operación la dejó con una cicatriz de 25 centímetros en la parte posterior de la cabeza.

Para mostrar su apoyo mientras su hermana se enfrentaba a su recuperación, Ethan llevó una foto de la cicatriz a su barbero y les hizo recrear las mismas marcas en su pelo. «Quería que viese que no iba a estar sola», cuenta Ethan. Mientras Alana se recuperaba en el hospital, Ethan reveló su nuevo peinado enviándole un mensaje de texto con una imagen de su cicatriz junto con su corte.