Javier Collado

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Alvaro Sanchez. El informático onubense Antonio Santos Velasco no ha esperado a que ensayos clínicos o la industria médica y tecnológica solucionen su problema de salud.

Antonio padece diabetes tipo 1, lo que implica que su páncreas no produce insulina, hormona que facilita que la glucosa llegue a las células y obtengan la energía que precisan.

Desde hace un tiempo, Antonio ya tiene una bomba de insulina y un sensor situado en el brazo que mide exactamente su glucosa en sangre, pero descubrió un proyecto de creación de páncreas artificial, que tras conocerlo ha cambiado su vida.

El nuevo sistema conecta los dos aparatos mediante un algoritmo, acompasando el nivel de glucosa con la liberación de insulina gracias a un pequeño ordenador que por radiofrecuencia envía los datos a Internet.

Tras recibir los componentes el pasado verano comenzó a trabajar en su propio páncreas artificial, y tras soldar los componentes y cubrirlos con una impresora 3D, puede llevarlo a todas partes.

Antonio no puede asegurar ser el primer paciente en España con este páncreas artificial, pero afirma que existe sólo un modelo comercial en todo el mundo, Medtronic 670G, que ha sido aprobado recientemente en Estados Unidos por la FDA y que no está completamente automatizado.

 La iniciativa de páncreas artificial OpenAPS y otras similares tienen su origen en el movimiento #WeAreNotWaiting, pacientes que denuncian que existe un «cuello de botella» en la innovación que impide que lleguen con rapidez las novedades tecnológicas. Y de ahí el mensaje » Ellos no quieren esperar».
Mientras tanto, los investigadores españoles, observan con cautela estas innovaciones creadas al margen de los circuitos profesionales, industriales y convencionales, y advierten de su riesgo.