Javier Collado

Dobuss

Luisa Gómez Castellano. Ha pasado ya un mes del cambio de un año a otro, de la emoción por comenzar algo nuevo como si de un cuaderno en blanco se tratase, y de la famosa lista de propósitos, con los que nos dijimos “este año, sí que sí” y que juramos grabar a fuego en nuestra cabeza para no fallar.

Sabemos que es difícil, incluso nos atrevemos a decir sin miedo a meter la pata, que la mayoría (siento ser tan realista), duró tres, cuatro (¿cinco?) días, a lo sumo. Uno de los propósitos más complicados de cumplir es el que concierne a la alimentación (y el ejercicio físico, por supuesto).


A menudo existe el prejuicio de creer que la buena alimentación consiste en una dieta estricta para adelgazar, en la que tu estómago ruge y hasta te cambia el humor. Nada de eso.
Este post es solo un empujoncito, desde mi humilde opinión (discúlpenme los nutricionistas de profesión si me equivoco en algún punto) para que te plantees en serio cambiar tus rutinas alimenticias, si es que lo necesitas.
Puede cambiar tu estado de ánimo, tu forma física, pero sobre todo te sentirás muchísimo mejor por dentro; más ágil, enérgico, cero pesadez e hinchazón, tan comunes después de las comidas copiosas o poco saludables.

Si realmente quieres hacer algo al respecto, hacerle un favor a tu YO completo, tienes cientos de recursos a tu alcance; libros, blogs de nutrición, cuentas de Instagram (averigua que sean fiables) donde poder inspirarte y probar nuevas recetas. Será divertido prepararlas en pareja, con amigos o con la familia. ¡La cocina siempre fue lugar de reunión!

Por mi parte, puedo darte unos consejos para introducirte en el mundillo. Es más sencillo de lo que piensas, eso seguro.

Excusa: “Me gustaría comer mejor, pero tengo que llevarme la comida al trabajo, no tengo tiempo de cocinar algo saludable y al final recurro a lo fácil (por lo general nada sano)”

Solución: Si aún no conoces el método del Batch cooking, consiste en cocinar por adelantado, es decir, si vas a preparar quinoa, haz el doble de lo que necesites y congela el resto. La tendrás lista para la próxima vez.

Excusa: “No ingiero la fruta suficiente por falta de tiempo, o simplemente por olvido. Ni siquiera sabría como incluirla a mi dieta”

Solución: Sólo necesitas una batidora o licuadora. Prepara batidos o smoothies mezclando frutas y verduras. Las posibilidades son infinitas, y están riquísimos. Habrás ingerido más piezas de fruta de las que te creías capaz.

Excusa: “ A media tarde, o para cenar, tengo tanta hambre y estoy tan cansado que como lo primero que pillo en la nevera”

Solución: ¡También puedes preparar algo saludable rápidamente! Un revuelto de setas, judías o champiñones. De hecho, incluir el huevo en las cenas es una opción magnífica, junto con una ración de verduras al gusto (horno, frescas o cocidas).

Excusa: “Llego de trabajar y me acuesto sin cenar, a ver si consigo bajar de peso”

Solución: ¡¡Error!! No te estas haciendo ningún favor. Tu cuerpo necesita nutrientes, aunque es cierto que la comida menos copiosa debe ser la cena. Prueba a preparar en algún rato libre sopas y cremas, embotéllalas y guárdalas en la nevera. Listas para una cena ligera; calienta un tazón y termina con una pieza de fruta. ¡Mucho mejor que nada!
Por ultimo, bebe agua moderadamente durante las comidas para no dificultar la digestión y evita los hidratos al final del día. ¡Anímate! Pronto sentirás lo resultados