Javier Collado

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María Morales. Hace 81 años, Tomás Gallego escribió una postal desde la celda de aislamiento (él mismo lo subraya) en la que llevaba encerrado mes y medio por su defensa de la República. Le contaba a su esposa, Tomasa Alonso, que podía ir a visitarlo los viernes, de 10:00 a 12:00, y le pedía, por favor, que le llevara un reloj con cadena. Esa postal jamás llegó a su destino pero está en manos de sus nietas, su bisnieta y su tataranieta.

Tomás murió fusilado pocos meses después y su último deseo, tener su reloj, nunca se llegó a cumplir. Gracias a la buena voluntad de un coleccionista, al menos, sus familiares han podido leer sus últimas palabras. Luis Posadas Lubeiro, coleccionista y cartero de profesión, ha entregado la que seguramente sea una de las cartas más importantes de su carrera.

Antes de llegar a mano de sus familiares la carta formo parte de un libro, ‘Valladolid, recuerdos e infancias’ y gracias a ello una amiga de la nieta de Tomás la descubrió. Aunque lamentan que nunca llegara a manos de su abuela o su madre, las nietas del fallecido Tomás ahora pueden tener un último de recuerdo re su abuelo.