Javier Collado

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Dentro de las enfermedades infectocontagiosas, la tuberculosis (TB) sigue siendo una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo, ya que según datos aportados por la OMS, ocasionó la muerte de 1,7 millones de personas el año pasado.

Los factores más importantes que inciden en la falta de control de la TB son, por una parte, el incorrecto manejo en la práctica médica y uso inadecuado de las pautas terapéuticas instauradas, que condicionan un aumento del riesgo en la transmisión de la enfermedad. Por otro lado, se encuentra el abandono del tratamiento por parte del paciente, que se ha evidenciado como el problema más grave, tanto para el control  y la eliminación de la enfermedad.

La sumatoria de un incorrecto manejo terapéutico, la falta de adherencia por parte de los pacientes a los esquemas de tratamiento y el abandono de la terapia, han originado la aparición de cepas resistentes del Mycobacterium tuberculosis, haciendo que de las más de 10 millones de nuevas infecciones diagnosticadas, alrededor de 600.000 mostraran resistencia al medicamento principal.

El microbiólogo del Albert Einstein College of Medicine, William Jacobs y sus colegas, habían descubierto previamente y de manera accidental, que la vitamina C en elevadas concentraciones podía esterilizan cultivos de Mycobacterium tuberculosis, tanto con el empleo de cepas susceptibles como aquellas resistentes a los medicamentos. En palabras del investigador principal: “Cuando lo descubrimos por primera vez, era como, ‘¡Wow !, hay tanto que aún no sabemos. ¿Y no sería genial si realmente funciona‘”.