Marco Anneo Lucano.

Javier Collado

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CBN. La vida de Marco Anneo Lucano tuvo las mismas características de un fuego fatuo: brevedad y fulgor. El poeta de origen cordobés nació el 3 de noviembre del año 39 d.C., cuando nuestra ciudad era capital de la Bética en Hispania. La Bética fue una de las provincias romanas que existieron en la península Ibérica, llamada por los romanos Hispania. Tomó su nombre del río Betis, el que sería actualmente el río Guadalquivir.

Su familia estuvo repleta de grandes personalidades, fue nieto de Marco Anneo Séneca (Séneca el viejo) y sobrino del filósofo Lucio Anneo Séneca (Séneca el joven). Su padre, Marco Anneo Mela, pertenecía a la clase de los caballeros. Su madre, Acilia, era hija de un conocido orador. Cuando Lucano tenía solamente ocho meses de edad, su padre trasladó a toda la familia a Roma, ciudad en la que había residido y donde su tío, el filósofo, tenía adquirida una notable fama. Sin embargo, este último tuvo que sufrir por orden del emperador Claudio, en el año 41, exilio en la isla de Córcega del que regresó en el año 49 decidido a ocuparse de la instrucción de su amado sobrino. También tuvo la suerte aparte de aprender de su tío, de rodearse de los maestros más eminentes entre ellos el noble filósofo estoico Anneo Cornuto, en cuya escuela tuvo por condiscípuloa Persio, al que admiraba como poeta.

El cordobés dio muestras de una extremada precocidad que le llevó a ser poeta laureado a una edad temprana. También exhibió una gran capacidad productiva. Su considerable obra está compuesta, entre otros títulos, por Ilíaca, Saturnalia, Catachtho-mony y Silvas; una tragedia, Medea; 14 libretos de pantomimas concebidas para el baile; un escrito dirigido a su joven esposa, Pola Argentaria, etc. Sin embargo, hasta nosotros ha llegado únicamente su epopeya en 10 cantos sobre la guerra civil entre César y Pompeyo, que lleva el título de Bellum Civile aunque es popularmente conocida como la Farsalia.

Con tan sólo 16 años, Lucano era ya autor de tres composiciones y podía declamar en latín y griego. Marchó a Atenas en un viaje de instrucción, pero tuvo que regresar pronto ante los requerimientos del propio Emperador de Roma, Nerón, que le concedía por entonces toda su estima y le incluyó en su «cohors amicorum», es decir, su círculo de amigos. A los 21 años recibió la dignidad de poeta laureado, y Nerón le honró nombrándolo augur e incluso dándole el cargo de cuestor de forma honorífica antes de haber cumplido la edad reglamentaria. Además intervino públicamente en el año 60 en las Neronias, espectáculos artísticos creados por Nerón.

No pasó mucho tiempo, sin embargo, cuando la buena conducta del emperador, que era también poeta se tornó en envidia, cambió de sino para el cordobés, prohibiéndole realizar lecturas públicas, con lo que cayó en desgracia desde entonces. Los siguientes cuatro años, desde el 62 al 65, Lucano no sólo alternó sus escritos con composiciones satíricas y acusadoras contra el emperador y sus colaboradores, sino que llegó a participar activamente en la conjura de Pisón que se estaba fraguando contra el emperador.

Cuando la conspiración fue descubierta a causa de la imprudencia de alguno de los implicados, según el testimonio de Tácito y Suetonio, Lucano sufrió crueles interrogatorios, a lo largo de los cuales negó, admitió y se retractó alternativamente de sus culpas. Aunque estos testimonios no son demasiado dignos de crédito, al parecer llegó incluso a acusar a su propia madre para disminuir sus responsabilidades. Sobre este punto, cabe pensar que fue parte de la campaña de desprestigio de Nerón, ya que nunca se llegó a abrir un proceso contra la mujer. Lo cierto es que, tras recibir su condena a muerte, cuya forma de ejecución fue dejada a su elección, asumió una actitud digna y, en el mejor ejemplo de estoicismo posible, se cortó las venas el 30 de abril del año 65, a la edad de 26 años, y expiró recitando unos versos en los que había descrito el fin de un soldado que sufría su misma muerte, versos estos que no han llegado hasta nosotros.

Algunas de sus citas más importantes fueron: «Aléjese de los palacios el que quiera ser justo», «La virtud y el poder no se hermanan bien», «Ante el inminente peligro, la fortaleza es lo que cuenta», «Bajo la máscara de la temeridad se ocultan grandes temores», «Debes considerar no haber hecho nada, si has dejado algo por hacer», «El crimen hace iguales a todos los contaminados por él», «Las espadas han sido concedidas para que ninguno sea esclavo.» (Farsalia, IV)»,»Lo que es pecado de muchos queda sin castigo», «Los hombres temen a los mismos dioses que han inventado», «Profundas son las heridas que deja la guerra civil.»