Javier Collado

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María Morales. El Ayuntamiento de Córdoba ha cerrado los actos conmemorativos del centenario del nacimiento de uno de sus hijos más ilustres, Manuel Rodríguez “Manolete”, distinguiéndole con el título de Hijo Predilecto de esta ciudad, que como tal lo tiene considerado en el sentimiento de generaciones de cordobeses.

Córdoba rinde así el más merecido de los homenajes a uno de sus ciudadanos universales. Lo hace a título póstumo, pero, como escribió Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra, «sólo donde hay tumbas, hay resurrección».

Hemos celebrado 100 años de Manolete vivo, 100 años de vida, pues en Manuel Rodríguez, se da la feliz circunstancia de haber acompañado con sus hechos y su presencia a sus coetáneos, pero también a las generaciones posteriores, para quienes, su estampa hierática siempre fue un signo de distinción y de dignidad.

De esta forma Manuel Laureano Rodríguez Sánchez Manolete ha sido declarado Hijo Predilecto. En este año, que culmina con esta declaración, un amplio programa de actos que ha ensalzado su figura. Exposiciones, conferencias, ciclos de música y de cine, publicaciones, con una amplia repercusión en los medios de comunicación, tanto locales como nacionales, nos han mostrado que la memoria de Manolete, no solo sigue viva, sino que es fuente de inspiración; lo es por lo que hizo, pues encerraba en su arte un misterio que los especialistas siguen analizando y desentrañando tantos años después; y también por lo que fue: un cordobés cabal que tuvo a gala pasear el nombre de su ciudad, mostrándose siempre humilde y apegado a ese pueblo para quién él representaba una vía de escape.

Quiere también el Ayuntamiento aprovechar este momento para agradecer a aquellas instituciones públicas y privadas, asociaciones y personas particulares que han contribuido este año a ensalzar su figura, desde la Real Academia de Córdoba, hasta el Círculo de la Amistad y su peña El Castoreño, desde el Club Filatélico de Córdoba a las numerosas entidades que por todo el país  han celebrado con distintos actos esta efemérides. Entre todos se ha logrado situar a Manolete en el justo lugar que a él le hubiese gustado ocupar: el de alguien que une, y no que separa.