Javier Collado

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María Morales. Los teléfonos móviles estarán prohibidos en todos los colegios y los institutos de Francia a partir del inicio del curso en 2018, según lo anunció el domingo pasado el Ministro de Educación, Jean Michel Blanquer. Con esta iniciativa se da cumplimiento a la promesa electoral de presidente Emmanuel Macron.

El titular de la cartera de Educación puntualizó que pese a que estos aparatos pueden tener un valor educativo o como dispositivo de emergencias, deberán estar forzosamente confinados durante toda la jornada escolar, no solo en las clases, sino también en el recreo y durante el comedor. La demanda ha surgido en el país vecino por parte de los profesores de instituto, que dicen librar «una guerra constante» contra el uso del teléfono móvil.

En ese país 8 de cada 10 alumnos de Secundaria llevan el dispositivo en la mochila, y está aumentando el porcentaje de los que también lo llevan en la Primaria, desde cuarto curso. Los padres les dan el permiso para llevarlos porque así están en todo momento localizados. Precisamente los padres pueden ser los que más se opongan a esta medida de Educación, que según los sindicatos galos puede tener difícil encaje, si aspira también a prohibir el uso de los dispositivos entre clases o en el recreo.

Desde Educación se señala además a los móviles como disruptores de muchas clases y como aparatos que desconcentran del aprendizaje, otros de los motivos que se blanden para su veto total. En España, la mayoría de las escuelas de Primaria prohíben a sus alumnos llevar móvil.

En los institutos públicos su uso está limitado a los recreos, pero los estudiantes pueden llevarlos encima. Los conflictos no son pocos, dada la gran dependencia de su uso por parte de los alumnos, lo que obliga a los profesores a estar atentos a que los lleven guardados y sin sonido, y a que no se hagan grabaciones de menores de edad.